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La estrategia 2027: el tablero de las intenciones en Jalisco

Por: Jorge Eduardo García Pulido

La política en nuestro estado no se mueve por los calendarios del Instituto Electoral, sino por los tiempos que dicta la realidad y, sobre todo, por la capacidad de leer las intenciones que nacen desde el despacho del gobernador. Estamos en una etapa donde, aunque no se ha puesto nada sobre la mesa de forma oficial —porque, seamos claros, los tiempos legales aún no lo permiten—, el juego de las señales ya comenzó. Pablo Lemus, con esa forma tan suya de manejar el tablero, mantiene el control y la calma, mientras que en los círculos donde se toman las decisiones, los nombres de quienes podrían encabezar los proyectos más importantes ya empiezan a sonar con mucha más fuerza.

Lo primero que hay que entender es que el gobernador no es un improvisado. Su estrategia se basa en observar, ponderar y colocar las piezas donde mejor le sirven al proyecto estatal. Por eso, cuando hablamos de Zapopan y Tlajomulco, no estamos inventando nombres, sino describiendo hacia dónde apunta la brújula de Lemus. En Zapopan, el nombre de José Luis Tostado no es una coincidencia. Es una apuesta por el orden y por esa línea de trabajo que tiene sus raíces en la vieja guardia empresarial de la Coparmex; ese grupo que, lejos de las estridencias, se ha caracterizado por ser un ejecutor disciplinado y efectivo. Tostado representa esa continuidad, ese perfil que no necesita de reflectores para hacer lo que se tiene que hacer.

En el caso de Tlajomulco, la balanza se inclina con claridad hacia Adriana Medina. Aquí la intención es evidente: el gobernador busca una figura que aporte mesura, alguien que pueda navegar las aguas de un municipio que requiere un cambio de ritmo. Medina no está ahí por capricho; es el perfil que, dentro de la lógica del Ejecutivo, ofrece la estabilidad necesaria para un proyecto que, a todas luces, pretende cerrar filas y darle una nueva cara a la gestión en esa zona del estado. Son intenciones tácticas, sí, pero con una dirección muy bien definida que marca la hoja de ruta hacia lo que veremos cuando los tiempos electorales efectivamente nos lo permitan.

Sin embargo, el ajedrez político siempre guarda una última carta, y en este caso se llama Guadalajara. La capital de Jalisco es, hoy por hoy, la gran incógnita y el punto de mayor suspenso. Mientras los otros municipios ya perfilan sus piezas, en Guadalajara las cosas se mueven distinto. Aquí es donde entra en juego la cofradía, ese grupo de amigos y aliados que dieron origen a este movimiento desde el activismo empresarial. Juan José Frangie, el gobernador y el resto de la élite que hoy tiene las riendas del estado, tienen que sentarse a definir el futuro de la capital. No es una decisión de encuestas, es un acuerdo de fondo entre quienes han demostrado que pueden gobernar Jalisco bajo una misma visión.

El 2027 se está cocinando a fuego lento. No es tiempo de candidaturas, es tiempo de intenciones y de posicionamiento. La realidad es que el proyecto que hoy gobierna Jalisco tiene muy claro quiénes son los suyos y hacia dónde quieren llevar la estructura política del estado. Quien crea que todo esto es improvisación, no está viendo el tablero completo. Por ahora, nos toca observar cómo el gobernador termina de acomodar sus cartas; al final del día, en este juego, solo quien sabe esperar el momento exacto es quien termina ganando la partida.


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