Close

¿CENSURA O DERECHO A SABER?

Por Alejandro Huerta

Recientemente, el Gobierno federal presentó a consulta pública los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias, derivados de la nueva legislación en materia de telecomunicaciones.

El Gobierno sostiene que el objetivo es proteger el derecho de las personas a recibir información clara, distinguir entre hechos y opiniones y obligar a los medios de comunicación a contar con códigos de ética y mecanismos para atender las quejas de sus audiencias.

Y, como era de esperarse, se abrió el debate mediático.

De un lado, la oposición —y no solamente políticos; también organizaciones civiles, activistas, periodistas y hasta eclesiásticos— acusa al oficialismo de censura y de querer coartar la libertad de expresión de periodistas y medios de comunicación.

Del otro, el Gobierno niega dichas acusaciones y afirma que la única finalidad de estos lineamientos es defender el derecho de las audiencias.

Pero aquí vale la pena hacer una pausa.

El derecho de las audiencias no nació ayer ni se lo está inventando este Gobierno. Está expresamente contemplado en el artículo 6° de nuestra Constitución. Lo que prácticamente está presentando el Gobierno son los mecanismos para ejercer ese derecho.

Sin embargo, y como también era de esperarse, un sector muy peculiar —y bastante evidente por el sesgo político de algunas de sus críticas— tenía que montar la narrativa de que estamos frente a un intento de censura.

Una narrativa que, en mi opinión, resulta bastante ridícula cuando uno se toma el tiempo de leer los lineamientos.

Porque, resumidos en términos bastante sencillos, lo que se les está diciendo a los medios de comunicación es algo así como: “Autoregúlate.”      Sí, así de sencillo.

Incluso si tu medio se dedica a difundir información que resulte falsa o cuestionable, informa a tu audiencia, a través de tu propio Código de Ética, cuáles son los criterios bajo los cuales produces y difundes esa información. Y listo.

Al final, será la propia audiencia la que determine qué tipo de comunicación quiere consumir.

Pero parece que para ciertos medios de comunicación y algunos periodistas esto resulta prácticamente una ofensa.

¿Cómo es posible que el Gobierno nos pida que nos autoregulemos?

¡Nos quieren censurar!

¿Por qué nos piden un Código de Ética?

Si a la audiencia no le gusta lo que difundimos, ¡pues que cambien de medio!

Y así podríamos continuar con la lista de peroratas, exageraciones y distorsiones que han surgido alrededor de estos lineamientos.

Y como todo este embrollo no fuera suficiente, el asunto ya cruzó nuestras fronteras.

Nada más y nada menos que The Wall Street Journal publicó una columna de opinión de Mary Anastasia O’Grady titulada Sheinbaum Moves to Gag Mexico’s Media”, es decir, “Sheinbaum busca amordazar a los medios de México”.

Así que el debate dejó de ser solamente nacional. Ya tenemos a uno de los diarios más influyentes de Estados Unidos metido en la discusión sobre los derechos de las audiencias y la libertad de expresión en México.

En fin: todo un revuelo de opiniones, análisis, notas periodísticas, columnas, acusaciones y, al mismo tiempo, respuestas desde el oficialismo alrededor del famoso derecho de las audiencias.

Mientras tanto, el verdadero protagonista de esta historia —el auditorio, la audiencia— parece haber brillado por su ausencia. Y quizá ahí está lo verdaderamente interesante.

Porque mientras unos discuten si se trata de censura y otros aseguran que se trata de una herramienta para proteger a quienes reciben información, prácticamente nadie parece preguntarle al destinatario de todo esto qué piensa.

Por eso, a usted, estimado lector, que finalmente forma parte de esa audiencia a la que todos dicen defender, yo le preguntaría:

¿De verdad le parece un abuso del Gobierno que se le exija a los medios transparentar sus criterios, contar con un Código de Ética y ofrecer mecanismos para que su audiencia pueda reclamar?

¿O, por el contrario, considera que simplemente se está defendiendo su derecho a recibir información veraz, oportuna y de calidad?

Quizá la pregunta más importante sea mucho más sencilla:

¿Y qué opina la audiencia?


Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que La Verdad Jalisco no se hace responsable de los mismos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

0 Comments
scroll to top