Por Juan Carlos Hernández Ascencio
En el entendido de que, la necesidad de la sociedad es tener en principio el derecho constitucional a estar informada, a la libre expresión de ideas, pensamiento y manifestación, hoy crecen más los presupuestoscreados y se siguen creando para dar a conocer el quehacer público gubernamental, en la inteligencia de posicionar lo que se hace en beneficio de la ciudadanía, sí pero no de velar por los intereses de los mexicanos a estar bien informados.
Lo que ahora hay en la palestra de la opinión pública es una discusión seria de ¿menospreciar? la libertad de expresión de los profesionales de la comunicación que a diario nos comparten datos y contenidos de alto valor, al querer imponer ¿reglas? para que se diferencie cuando se opina y cuando solo se comparta información. A pesar de las buenas intenciones que tienen políticos y servidores públicos, es probable que la instrumentación de diseño de la ¿nueva comunicación? con método sea una alternativa sólidapara no remediar, los altibajos de la administración pública, sino al contrario.
La pregunta es: ¿existen las políticas públicas que se recrean en la imaginación y la ignorancia? ¿saben acaso los resultados que traería de sus nefastos efectos en términos de la libertad de expresión? Libertad que hoy aun poseen los mexicanos todos, sean periodistas o no; pues por sí mismo el diseño de la instrumentación comunicativa es menester ponerlo en manos de especialistas capaces de hacer realidades en la inteligencia de preservar en términos llanos lo que el sistema democrático nos otorga: libertad de expresión.
Cómo pensar que hasta realice una lista de buenos y malos comunicadores, cuál es el criterio, bajo quéponderación ética se cree que se deba usar un rasero, para saber quién si y quién no puede manifestarse con su opinión fundamentada en torno a un tema de interés común. Esta situación no es simplemente ridícula, sino que puede ser el principio del fin sobre las libertades de elegir qué y quiénes nos informan. ¿Por qué la restricción de informar y de opinar? Acaso no se sabe que justo es la opinión que se da con criterio periodístico respecto de un parecer documentado de un comunicador profesional y se manifiesta a favor en contra, porque tiene la capacidad de crearse un juicio con esos datos y analiza y es normal que comparta un parecer sobre ello.
¿Por qué aumentan las críticas en torno al tema y mejor no resuelven las necesidades apremiantes de la administración pública? sin resultados a la vista;sabemos que la sociedad civil, a través de la actuación en su necesidad de mantenerse informada, sabrá aquilatar lo que hoy aún tenemos en un país, también aun libre. Pero al parecer la realidad es otra.
Ahora que, si en verdad existe la factibilidad del tema de la cohesión del ciclo comunicacional debiera serconsensuado con las respectivas empresas de los medios de comunicación, instancias que son directamente las responsables de satisfacer las necesidades de informar, educar y entretener a las audiencias, o a los públicos; obras son amores y no buenas razones en lo que se plantea. Lo que vemos es un panorama poco alentador en diversos temas que atraen la atención de la opinión pública, nos encontramos en un desconcierto, otra vez, entre el temor y la esperanza.
El Estado puede auxiliar a facilitar procesos de mejora,en materia de comunicación, pero sin imponerse a laconciencia sobre criterios ya existentes en la Constitución Política, pues no se trata de que limiten el crecimiento y por ende el bienestar de los propios medios de comunicación, sean chicos o grandes, sean famosos o no, porque al final todos importan porque todos informan y aún más, crean y forman opinión pública. Todos conocemos gente muy profesional con expertis que están en los medios de comunicación con un trayecto impecable. El ciclo de una política públicaen materia comunicacional no termina con una imposición de escritorio, más bien provoca reacciones a defender con más ahínco y vehemencia las libertades todas, y una de estas sin duda será la libertad extensa de expresión y opinión. Atentos. ¡Seapues!
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