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La suma que resta: Juan Pablo Colín, ‘Danira’ y el error que confirma el guion de Morena

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Por Jorge Eduardo García

Mientras Jorge Romero, presidente nacional del PAN, repite hasta el cansancio que la alianza con el PRI fue un lastre que le quitó identidad al partido y lo mandó a la lona en varios estados (Coahuila incluido), en Jalisco Juan Pablo Colín hace exactamente lo contrario: abre la puerta, saca la foto y posa como si acabara de fichar a la figura del siglo.

Danira (o Daniela) Roden Hernández, ex candidata priísta al distrito 13 federal, renunció al PRI con una carta que es un monumento a la desilusión: la usaron para cumplir cuota, la abandonaron después de la elección, le pagaron la operación con cheques sin fondos y la dirigencia estatal desapareció. Una historia tan vieja como el PRI mismo. Y a los pocos días ya está en las oficinas del PAN Jalisco, recibiendo el abrazo de Colín frente al logo azul.

¿Esto suma votos ciudadanos? Por favor. Suma una cara más al álbum de políticos reciclados que saltan de siglas como quien cambia de camisa. No trae estructura territorial nueva, no trae jóvenes hartos del viejo régimen, no mueve el termómetro del voto independiente. Solo confirma, con foto en alta resolución, la narrativa que Morena ha usado desde hace años para noquear a la oposición: “PAN y PRI son lo mismo”.

Esa fue la estrategia que realmente mandó a la lona al bloque opositor: no la fuerza de Morena (que la tiene), sino la incapacidad de la oposición para diferenciarse. Romero lo entendió tarde pero lo entendió: hay que divorciarse del PRI en el discurso y en los hechos si se quiere recuperar credibilidad. Colín, en cambio, parece operar en una burbuja local donde lo importante es la foto del día y el “ya sumamos a alguien”. Pequeñez política pura. No alcanza a ver el tablero nacional. No entiende que cada abrazo a un priísta descontento es un spot gratis para Morena que dice: “mira, te lo dije”.

Es la misma lógica de siempre: oportunismo de corto plazo disfrazado de “apertura”. El problema es que la ciudadanía ya no compra ese producto. Ya no le alcanza con que el político de ayer se vista de azul hoy. Quiere caras nuevas, historias nuevas, gente que no venga del mismo sistema de cuotas, cheques sin fondos y dirigencias que desaparecen.

Colín no lo ve. O no le importa. Y esa miopía tiene costo.

Yo apuesto, sin titubeos, a que Juan Pablo Colín pasará a la historia como el peor presidente estatal que ha tenido el PAN en Jalisco. No por maldad, sino por pequeñez: pequeña en lo social (sin capacidad de conectar con ciudadanos hartos), pequeña en lo político (sin entender la jugada nacional) y pequeña en lo estratégico (sumando lo que resta).

Es una caricatura en miniatura de lo que fueron los grandes del PAN jalisciense. Lejos del temple y la congruencia de Herbert Taylor. Lejos del peso real de Emilio González. Lejos del perfil académico y la visión de Eduardo Rosales. Lejos de la estatura ética y la seriedad de Tarcisio Rodríguez.

Colín representa lo que el PAN ya no puede darse el lujo de ser si quiere sobrevivir: un partido de siglas que se prestan, de mudanzas sin consecuencias y de fotos que valen más que las ideas. Si sigue por este camino, no solo no suma… terminará restando hasta el registro.

Y entonces sí que habremos confirmado el guion completo.


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