Por la redacción.
En el escenario político de Jalisco, donde la estridencia mediática y el marketing digital buscan sustituir el trabajo de base, la capacidad para construir consensos de fondo y articular redes institucionales distingue a los perfiles con verdadera solvencia. Los políticos de carrera comprenden los códigos de la interlocución y saben sobrellevar los tiempos; entienden que la fortaleza de un proyecto reside en la madurez para generar acuerdos que nutran al movimiento y eviten la fragmentación interna.
Bajo esa lógica se inscribe el entendimiento estratégico entre Alberto Uribe Camacho y Sergio Chávez. Si bien ambos aspiran con legitimidad a encabezar la coordinación de Morena en Guadalajara, su coincidencia antepone la cohesión organizativa al desgaste fratricida, blindando la estructura metropolitana y construyendo un contrapeso indispensable frente a aventuras personalistas.
El contraste con otros contendientes es nítido. Frente a perfiles mesiánicos que replican el dispendio y las prácticas del acarreo corporativo —precisamente porque desconocen la política, carecen de trayectoria probada y optan por la simulación presentándose como redentores de moda electoral en mítines vacíos e insensibles—, Uribe y Chávez respaldan su aspiración en una tenencia política distrital verificable. El arraigo de Uribe camina las dos Guadalajaras: desde sectores del oriente y sur histórico como Oblatos, Tetlán, la Heliodoro Hernández Loza, Polanco y Miravalle, hasta comités de base en los distritos 8, 9, 11 y 14.
Como advierten coordinadores territoriales, «el acarreo no contesta encuestas». La definición de Morena y su Comisión Nacional de Elecciones no se decide en templetes rentados, sino casa por casa, donde pesan la honestidad y la experiencia probada de gobierno. La capital no admite curvas de aprendizaje ante desafíos como el colapso del agua, la crisis de la basura, las inundaciones pluviales y la especulación inmobiliaria; asignaturas que ambos han enfrentado y resuelto en la gestión metropolitana.
En el plano nacional, Uribe Camacho se consolida como una pieza clave vinculada al equipo de Marcelo Ebrard. Aunque corrientes locales busquen impulsar a una diputada federal esgrimiendo un falso distanciamiento con la estructura ebrardista, o pretendan usar la paridad como un cheque en blanco para perfiles sin presencia social, la definición no responderá a rumores de pasillo. La decisión final emanará del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Morena, instancia que definirá la variable de género y ponderará con rigor quién garantiza triunfo y gobernabilidad real para la ciudad.
En los barrios tapatíos la militancia y la ciudadanía lo tienen claro: el que paga para que vayan está condenado a pagar siempre, pero el amor no se compra, se construye; amor con amor se paga.
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