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LA MEMORIA DE LAS PALABRAS; Libertad de expresión en tiempos de inmediatez

Por Mariana Navarro

«Las palabras no desaparecen cuando se escriben. Comienzan a existir de otra manera.»

Cada 7 de junio, México conmemora el Día de la Libertad de Expresión, una fecha que históricamente recuerda la importancia del pensamiento crítico, el periodismo y el derecho ciudadano a manifestar ideas sin censura.

La fecha fue instaurada oficialmente en 1951, durante el gobierno de Miguel Alemán Valdés, en un contexto donde el país comenzaba a discutir el papel de la prensa dentro de la vida democrática nacional. Décadas después, el debate continúa vigente, aunque el escenario ha cambiado profundamente.

Antes, la discusión sobre libertad de expresión se centraba principalmente en la censura gubernamental o en los límites impuestos a periodistas y medios de comunicación.

Hoy el problema es mucho más complejo.

Vivimos dentro de una sobreproducción permanente de mensajes.

Cada minuto circulan millones de opiniones, publicaciones, videos, reacciones y comentarios que compiten entre sí por unos cuantos segundos de atención. Nunca habíamos tenido tanta libertad para expresarnos. Y, paradójicamente, nunca había sido tan difícil construir conversaciones profundas.

En el marco del Día de la Libertad de Expresión, vale la pena preguntarnos no solamente qué significa poder hablar, sino qué estamos haciendo con esa posibilidad histórica.

DE LA PALABRA IMPRESA AL ALGORITMO

Hubo un tiempo en que la palabra pública poseía peso específico.

Los periódicos amanecían sobre las mesas como una forma de diálogo social. Las columnas se discutían en cafés, oficinas y hogares. Una entrevista podía modificar la conversación pública de un país entero.

Hoy, en contraste, los algoritmos priorizan aquello que genera reacción inmediata:indignación,confrontación,escándalo,miedo.

La velocidad desplazó a la reflexión.

Y en medio de esa dinámica, la palabra pública comenzó a perder profundidad para convertirse muchas veces en impulso emocional.

La consecuencia es visible:opinamos más,pero verificamos menos.

EL DERECHO A HABLAR… Y LA RESPONSABILIDAD DE HACERLO

La libertad de expresión es uno de los pilares fundamentales de toda democracia moderna.

El artículo 6º de la Constitución Mexicana reconoce el derecho a la libre manifestación de las ideas, mientras que el artículo 7º protege la libertad de difundir opiniones e información a través de cualquier medio.

Sin embargo, ningún derecho existe de manera absoluta.

La propia legislación mexicana establece límites claros cuando la expresión afecta derechos de terceros, vulnera la vida privada, genera discriminación, difunde información falsa o provoca daño social.

Y ahí aparece una de las mayores confusiones de nuestra época.

Existe una idea peligrosa que ha comenzado a normalizarse en redes sociales: creer que toda opinión emitida sin filtros constituye automáticamente un acto de valentía o autenticidad.

No siempre es así.

La libertad de expresión jamás debería confundirse con el derecho a humillar, difamar o destruir la dignidad de otras personas sin evidencia ni responsabilidad.

Las palabras tienen consecuencias reales.

Una acusación falsa puede destruir reputaciones.La desinformación puede generar pánico colectivo.Un rumor puede convertirse en violencia digital.Y una mentira repetida suficientes veces puede terminar afectando incluso procesos sociales, políticos o judiciales.

México ha vivido múltiples ejemplos donde la difusión irresponsable de información ha provocado campañas de odio, linchamientos mediáticos y daños irreparables para personas inocentes.

Por eso el periodismo profesional sigue siendo indispensable.

Porque informar implica verificar.

Contrastar fuentes.Contextualizar datos.Entender que detrás de cada publicación existen personas reales y posibles repercusiones humanas, legales y sociales.

PERIODISMO, ÉTICA Y DIGNIDAD HUMANA

Para quienes ejercemos el periodismo, la libertad de expresión representa mucho más que un derecho individual.

Implica responsabilidad pública.

Porque comunicar no consiste únicamente en emitir información, sino también en comprender el impacto humano de aquello que se publica.

En tiempos de inteligencia artificial, desinformación automatizada y manipulación digital, el verdadero desafío ya no es solamente poder hablar.

El reto consiste en conservar humanidad dentro del discurso público.

Eso exige rigor.Contexto.Verificación.Responsabilidad.Pero también empatía.

Porque una sociedad verdaderamente libre no es aquella donde todos gritan.

Es aquella donde todavía existen personas capaces de dialogar sin destruirse.

LA MEMORIA DE LAS PALABRAS

Quizá por eso este 7 de junio vale la pena recordar algo profundamente humano:

las palabras permanecen.

Permanecen en archivos digitales.En capturas de pantalla.En periódicos.En conversaciones.Pero, sobre todo, permanecen en la memoria emocional de las personas.

Hay frases que acompañan durante años…y otras que permanecen como cicatrices invisibles.

La vida está hecha de situaciones que abrazan el alma…

y las palabras escritas quedan como memoria en el tiempo.


Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que La Verdad Jalisco no se hace responsable de los mismos.

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