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Para la rozadura política también use Vitacilina.

Por Jorge Eduardo García Pulido

El termómetro de la grilla local a veces sube tanto que deja la piel sensible. Cuando las mesas de trabajo avanzan, los acuerdos se consolidan y los proyectos políticos toman forma con la suma de liderazgos reales, nunca faltan los actores de siempre a los que el ardor colectivo le gana la partida pública.

Ahí tenemos el caso reciente de las reacciones airadas en redes sociales, donde el reclamo por quienes “hacen ruido y no trabajan” retrata de cuerpo entero a quienes padecen la incomodidad de no figurar en la foto importante. Esta incomodidad de quedarse fuera de los espacios trascendentes deja en evidencia que hoy existe una competencia real conformada por personajes sobresalientes de Tonalá.

Hablamos de cuadros con trayectoria y experiencia probada que integran un frente inteligente más allá de la grilla barata: expresidentes municipales como el arquitecto Juan Antonio González y el licenciado Jorge Vizcarra Mayorga; regidores como Salvador Castañeda y Priscila González; activistas como Iván Arellano Ruiz, acompañados por las mujeres que integran el comité de Movimiento Ciudadano. Todos ellos unidos en un esfuerzo que contrasta fuertemente con posturas superficiales como las de Paquito Grillo.

Sin embargo, en todo equipo sólido nunca falta el prietito en el arroz. En este grupo sobresaliente, la presencia de Salvador González del Toro representa todo lo contrario a la suma y al proyecto: un perfil multifacético y camaleónico que en lugar de aportar, resta. Lejos de construir, la dinámica de este personaje responde al viejo estilo de la política de ocurrencias, donde la simulación y el beneficio personal se disfrazan de diálogo, apostando siempre al berrinche y a la mentira para conseguir cuotas que al final no aportan nada al colectivo.

A pesar de estas piedras en el camino, este bloque consolida una propuesta en vísperas de una contienda que realmente posicionará a Tonalá en el escenario que hace mucho tiempo no se veía: una competencia sana, leal y de actores con auténtica relevancia política.

La contradicción salta a la vista. Exigir unidad y descalificar públicamente a los demás utilizando el sarcasmo digital solo refleja la desesperación de quienes ven cómo los espacios de interlocución se reacomodan sin su venia ni su presencia. Hay que decirlo con claridad: el verdadero *dream team* de Paquito Grillo se compone de herencias y viejas inercias donde desfilan su papá, el expresidente Jorge Arana, el interino heredero de Lalo Rosales, y el dirigente de Movimiento Ciudadano, Agustín Ordóñez, un perfil trotacalles que deja mucho que desear en la conducción partidista. Ojalá Paco tenga la sinceridad política de hablar con franqueza ante el gobernador y reconocer que ese equipo familiar y de dirigencia desgastada no conduce a ningún puerto seguro, entendiendo que la verdadera fuerza ganadora está en el bando opuesto, siempre y cuando se logre neutralizar y restar la presencia nociva y mentirosa de un personaje como Salvador González del Toro.

Frente a este choque de perfiles, la receta es simple y de farmacia: para la rozadura política, lo mejor es aplicar una buena dosis de Vitacilina. Y para cerrar este episodio de falsas posturas, lanzo una invitación abierta a Salvador González del Toro: que tenga la hidalguía de sostener frente a mí, de frente y sin ambages, las infundadas insinuaciones sobre supuestos manejos. Ojalá demuestre la estatura moral y las agallas necesarias para sostener en persona lo que susurra en los pasillos.


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