Jorge Eduardo García Pulido.
En Tlajomulco de Zúñiga, la profunda desigualdad ha cristalizado en una división que trasciende lo territorial para convertirse en una política institucional. Bajo la administración del alcalde Gerardo Quirino Velázquez, el gobierno municipal ha impulsado la marca «Tlajo» para representar una identidad de éxito, progreso y alta plusvalía, enfocada en los cotos residenciales del Distrito 12. Sin embargo, esta narrativa excluye de manera sistemática a la población del Distrito 14, un sector marginado al que peyorativamente se le relega como «Mulco». En esta zona, conformada por macro-fraccionamientos como Chulavista y Santa Fe, la realidad es diametralmente opuesta: sus habitantes sobreviven entre más de 77,000 viviendas abandonadas, focos de infección, deficiencia hídrica y la presencia de fosas clandestinas. Las acciones del gobierno han sido catalogadas como un ejercicio de clasismo presupuestal, donde se priorizan proyectos cosméticos de pavimentación mientras se ignora el colapso estructural de la periferia y se acumulan denuncias por presunto nepotismo y hostigamiento institucional hacia la ciudadanía disidente.
Frente a este modelo excluyente, el regidor Alberto F. Martínez, conocido como «El Vikingo», ha surgido como un contrapeso clave y el principal «pegamento social» para las comunidades abandonadas por el estado. Alejado de las campañas de marketing elitistas, Martínez realiza un trabajo terrenal caminando por las calles y zonas más desatendidas de la Zona Valle, escuchando a los vecinos y documentando las inclemencias ambientales y de seguridad que enfrentan a diario.
Desde el Cabildo, «El Vikingo» articula la resistencia contra la disparidad presupuestal bajo la premisa «Obra pública sí, pero pareja», exigiendo que los recursos dejen de concentrarse en las vías de alta plusvalía para atender la urgencia civil de los que menos tienen. Además, ejerce una fuerte labor fiscalizadora, impulsando a la ciudadanía a cuestionar el origen y destino del dinero público, como lo ha hecho al exigir transparencia en el pago de adeudos millonarios del municipio al SIAPA, argumentando que no es justo que los ciudadanos de la periferia paguen por un servicio ineficiente y de pésima calidad. Su activismo busca reconstruir el tejido social desde la base, promoviendo que la verdadera sanación del municipio no provendrá de un cambio de imagen, sino del bienestar y la justicia social.
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