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¿Dónde está Chavita Cosío? La búsqueda de un mesías administrativo en tierras germanas

Por Jorge Eduardo García Pulido.

Hace años, todos pasábamos horas frente a un libro tratando de encontrar a un tipo de lentes y suéter a rayas en una multitud caótica. Aquel juego de ¿Dónde está Wally? nos obligaba a sacar la lupa para hallar lo que intentaba pasar desapercibido. Hoy, la dinámica ha cambiado de nombre, de personaje y, sobre todo, de escenario. El juego se llama ¿Dónde está Chavita Cosío?, y nuestro protagonista, en un despliegue de evasión digno de un profesional, ha decidido que el mejor lugar para analizar una auditoría de 103 millones de pesos es el suelo germano. Mientras el IDEFT se desmorona bajo el peso de una deuda que clama justicia, él parece estar ocupado en otros menesteres, quizás buscando en los paisajes bárbaros o en la historia de la región algún tipo de iluminación existencial.

Existe una ironía hiriente en este retiro. Se dice que Chavita, con esa estirpe que presume de un linaje poderoso, se encuentra analizando filosofías que poco tienen que ver con la vocación de servicio público y mucho con la arrogancia del poder absoluto. Es una paradoja que quien tiene la encomienda de formar para el trabajo en nuestro estado, utilice su tiempo en el extranjero para emular actitudes de superioridad, explorando teorías antisemitas y visiones arcaicas de mando que parecen sacadas de un capítulo oscuro de la historia europea. Parece que su objetivo es dejar de ser un simple comendador de una institución para convertirse en una suerte de pequeño caudillo, un nuevo Führer del IDEFT, que cree que la autoridad se ejerce desde la distancia y el desprecio a la rendición de cuentas.

La administración pública no es un ring donde uno puede imponerse por la fuerza de un apellido o la soberbia de un supuesto linaje. Esa pretensión de superioridad, esa búsqueda de un destino manifiesto que parece inspirar sus pasos por Alemania, es un insulto a los ciudadanos de Jalisco. La responsabilidad pública no se trata de imponer visiones mesiánicas, sino de gestionar con transparencia y eficiencia. Chavita podrá creer que su lejanía geográfica le otorga un aura de invulnerabilidad, pero la historia ha demostrado que quienes se creen por encima de la ley, utilizando el poder para servir a sus propios egos, terminan siendo alcanzados por la realidad más cruda.

En La Verdad Jalisco, no nos asustan los desplantes de superioridad ni los supuestos linajes de quienes se sienten dueños del destino ajeno. La lupa de la transparencia seguirá puesta sobre su gestión, porque ni la filosofía más oscura ni la distancia más larga pueden ocultar la falta de 103 millones de pesos. Además, es evidente que su regreso no es opcional. Más allá de las llamadas aerovías Cosío, donde tiene a sus azafatas de lujo, resulta que el instituto sostiene una nómina de personas que, en realidad, no acuden a sus centros de trabajo pero cobran puntualmente, y él se ha tomado la amabilidad de cargar con la logística de llevarles sus cheques hasta la puerta de su casa. El juego de las escondidillas está por terminar. Cuando Chavita decida regresar de su expedición en busca de una gloria que no le pertenece, encontrará que la realidad no se rige por sus fantasías de mando, sino por la exigencia de un pueblo que ya no tolera a quienes, bajo el pretexto de una autoridad incuestionable, terminan dejando un camino de irregularidades, aviadores y deudas.


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