Por Jorge Eduardo García Pulido
Mahatma Gandhi advertía que uno de los pecados sociales más destructivos de la humanidad es la «política sin principios». Esta advertencia cobra vida de forma palpable en el actual clima que se respira en Tlajomulco, donde la intolerancia institucional ha displaced cualquier intento de diálogo cívico. Existe otra reflexión que el imaginario histórico atribuye al mismo pensador y que ilustra a la perfección el arduo camino frente al poder desmedido: «Primero te ignoran, después se ríen de ti, luego te atacan y entonces ganas». El regidor de oposición Alberto Martínez se encuentra hoy, inequívocamente, en la fase del ataque, enfrentando un acoso político orquestado presuntamente desde la administración del presidente municipal, Gerardo Quirino Velázquez. La interrogante central se vuelve obligada y directa para el primer edil: ¿A qué le tienes miedo?
El conflicto tiene un origen claro y reciente. Días atrás, Martínez expuso ante la opinión pública un caso de violencia y abuso de autoridad en contra de una ciudadana del municipio. La respuesta del aparato gubernamental no fue la investigación de los hechos o la atención a la víctima, sino la aparente intimidación y represalia contra el funcionario que se atrevió a señalar las irregularidades.
Las tácticas denunciadas apuntan a un hostigamiento sistemático. Primero, la administración municipal habría enviado inspectores con la intención de clausurar los negocios familiares del regidor. Al toparse con establecimientos que operan en total regla y legalidad, la estrategia de presión mutó hacia la asfixia económica del equipo de trabajo de la regiduría.
Según lo expuesto, Emma Romero, desde el área de Recursos Humanos, notificó la baja del personal de apoyo de Martínez con fecha retroactiva al 15 de mayo, reteniendo de manera arbitraria el pago de sus quincenas; recursos que, se señala, ya se encontraban debidamente etiquetados y aprobados en el presupuesto municipal.
Frente a estos embates, Alberto Martínez ha dejado clara su postura de no ceder ante la intimidación. El anuncio de acciones legales directas contra la dirección de inspección y el departamento de recursos humanos marca un precedente necesario de defensa institucional. Asimismo, el señalamiento que hace responsable a Gerardo Quirino Velázquez de cualquier eventualidad que atente contra la integridad del regidor o su equipo, pone los reflectores sobre la forma en que se ejerce el poder actualmente en Tlajomulco.
El ejercicio del servicio público exige apertura al escrutinio y madurez para enfrentar la crítica. Cuando la maquinaria municipal se utiliza para intentar silenciar a las voces disidentes en lugar de atender las problemáticas ciudadanas, se evidencia una profunda debilidad institucional y un temor a la rendición de cuentas.
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