Close

La forma es fondo: La insoportable ausencia del estadista

Screenshot

Arq. Jorge Eduardo García Pulido
La Verdad Jalisco
En el panorama político actual, saturado de estridencias y gobernado por la dictadura del «like», la figura de Jesús Reyes Heroles se proyecta no como un recuerdo nostálgico, sino como una acusación silenciosa contra la mediocridad contemporánea. Su célebre sentencia, «en política, la forma es fondo», ha sido manoseada hasta el desgaste, convertida en un eslogan vacío por quienes confunden la cortesía con la hipocresía o la vestimenta con la investidura. Sin embargo, distinguir la profundidad técnica de Reyes Heroles es urgente para comprender la orfandad intelectual que hoy padece la vida pública de México.
Reyes Heroles no fue un político convencional; fue un arquitecto de instituciones en un país acostumbrado a los caudillos. Su ausencia se siente hoy con un peso abrumador porque hemos perdido al operador que entendía el Estado no como un botín, sino como un sistema de ingeniería jurídica. A diferencia de la clase política actual, obsesionada con la destrucción del adversario y la polarización rentable, el ideólogo veracruzano comprendía que la política es una técnica superior de conciliación. Sabía que la unanimidad es una ficción peligrosa y que la verdadera maestría del gobernante radica en institucionalizar el conflicto, no en negar su existencia.
Su legado técnico más brillante, la Reforma Política de 1977, es la prueba de que la forma —el procedimiento legal, el cauce parlamentario— es lo único capaz de contener y dar sentido al fondo, que es la pluralidad social. En un momento crítico, en lugar de aniquilar a la disidencia, Reyes Heroles diseñó la estructura para integrarla. Transformó la guerrilla en oposición legislativa y el conflicto armado en debate parlamentario. Esa capacidad para leer la historia y anticiparse al desastre es la cualidad que hoy brilla por su ausencia. Nos faltan constructores de puentes y nos sobran dinamiteros.
La distinción fundamental de Reyes Heroles radica en su respeto casi religioso por el procedimiento. Entendía que violar las formas legales para alcanzar un fin político es, invariablemente, el preludio del autoritarismo. Hoy, cuando vemos leyes aprobadas al vapor, reglamentos ignorados y un desprecio sistemático por la técnica legislativa, la ausencia de don Jesús se torna dolorosa. Nos hemos quedado huérfanos del rigor intelectual que frenaba los excesos del poder mediante la inteligencia y no mediante la fuerza.
Hacer notar su ausencia es un ejercicio necesario de autocrítica nacional. México carece hoy de figuras de su estatura: hombres de Estado que lean, que escriban y que entiendan que el gobierno no es un escenario de improvisación. «Lo que resiste, apoya», decía, una lección olvidada por quienes hoy buscan sumisión absoluta. Mientras no recuperemos el respeto por la forma, por la ley y por la inteligencia que Reyes Heroles encarnaba, seguiremos atrapados en un fondo turbio, condenados a repetir los errores que un buen diseño institucional habría evitado.


Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que La Verdad Jalisco no se hace responsable de los mismos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

0 Comments
scroll to top