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Tonalá: una bomba de tiempo al interior de cada partido político.

Jorge Eduardo García Pulido.

La contienda política en Tonalá ha dejado de ser una especulación para convertirse en una competencia de estructuras. Mientras que Movimiento Ciudadano mantiene una ventaja competitiva basada en su capacidad de organización y movilización, Morena atraviesa un momento de fragilidad interna marcado por la falta de cohesión entre sus grupos, lo que amenaza con complicar la recepción de cualquier candidatura impuesta desde las dirigencias nacionales.

La fragmentación en Morena no es menor. Las disputas entre facciones internas han generado un desgaste que dificultará la adopción de figuras externas. En este contexto, el grupo que rodea al doctor Carlos Lomelí tiene una oportunidad estratégica para negociar, donde **Osvaldo Bañales Orozco** se perfila no solo como una pieza viable, sino como la carta necesaria para dar solidez al proyecto. Es imperativo señalar que, en términos de competitividad real, no existe punto de comparación: la trayectoria, el conocimiento territorial y el manejo de los temas clave de Tonalá posicionan a Bañales en un escalafón superior, dejando a Marta Arismendi fuera de las coordenadas que definen la contienda actual.

Por su parte, el grupo gobernante en Tonalá, encabezado por Sergio Chávez, mantiene la apuesta por una continuidad técnica y administrativa. Las figuras de **Enrique Guzmán Loza** —cuya salida de Movimiento Ciudadano se dio en los tiempos precisos, marcando distancia con las formas y excesos de la oposición— y **Liliana Olea Frías** se consolidan como los pilares sobre los cuales el grupo pretende sostener el control municipal. Junto a la diputada Claudia García Hernández, ellos integran el núcleo que deberá dictar la pauta y los acuerdos necesarios para enfrentar el próximo ciclo electoral. En este espectro también surgen otros nombres que añaden complejidad a la baraja morenista, como **Carlos Burgara**, **Nicolás Maestro Landeros**, **Alejandro Buenrostro** y **Juan Carlos Villarreal**, quienes deberán encontrar su lugar en un proceso que exige alineación absoluta.

La situación en el bloque opositor es, irónicamente, más clara en sus liderazgos pero más compleja en su cohesión. **Jorge Vizcarra Mayorga** se mantiene como el personaje con el peso político más importante, superando por mucho a cualquier otra propuesta como la de Francisco Arana. Es fundamental recordar que Vizcarra fue el artífice que llevó a Movimiento Ciudadano a Tonalá y el impulsor principal de Enrique Alfaro en los inicios del movimiento. Existe, por tanto, una deuda histórica con él; sin embargo, esta ha sido ignorada por la cercanía entre Alfaro y Eduardo Rosales, quien ha entregado la conducción del partido a un actor que, más allá de la grilla interna y la falta de resultados, funciona como un ente parásito que no aporta nada a la construcción de un proyecto sólido. Esta dinámica de «fuego amigo», impulsada por Agustín Ordóñez bajo el mando de Rosales, busca sistemáticamente ensuciar la imagen de Vizcarra, poniendo en riesgo la unidad y el éxito electoral del bloque.

En lo que respecta al PRI y al PAN, su participación parece limitada a mantener presencia, conscientes de que las probabilidades de alcanzar la presidencia municipal son mínimas frente a los bloques mayoritarios. No obstante, ambos conservan activos que mantienen la dignidad de sus siglas: **Edgar López Jaramillo** representa un perfil sólido para el Partido Acción Nacional, mientras que **Laura Figueroa** hace lo propio para el Revolucionario Institucional.

Dentro de este escenario, es preciso observar el papel de **Álvaro y Apolinar la Torre**. Estos panistas, cuya distancia con la actual dirigencia de Acción Nacional es evidente, podrían convertirse en el fiel de la balanza en momentos críticos de la elección. Su capacidad de maniobra y su influencia los sitúa como actores cuya postura terminará de definir el rumbo hacia el día de la jornada electoral.

Finalmente, la elección en Tonalá exige una mirada hacia las nuevas figuras que han estado picando piedra. Es momento de impulsar a jóvenes con capacidad y visión, como **Iván Ruiz Arellano** y **Enrique Díaz**, quienes buscan un espacio real para refrescar la política municipal. La coyuntura actual es sumamente compleja: entre la paridad de género impuesta y la necesidad de evitar el desgaste de los grupos internos, la posibilidad de llevar a buen puerto este proceso parece, por momentos, una misión imposible. El reto para cualquier instituto político será no solo sobrevivir a sus divisiones, sino ser capaces de renovar sus rostros antes de que el proceso electoral termine por fracturar, de manera irreversible, la estabilidad del municipio.


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