
Por Jorge Eduardo García Pulido
Hace meses, en un restaurante de Zapopan, una discusión sin sentido terminó con manotazos. Juan Pablo Colín Aguilar, entonces ya presidente del PAN en Jalisco, levantó la mano contra Herbert Taylor Arthur. Emilio González Márquez tuvo que separarlos. Parecía un incidente menor, una pelea de egos. No lo fue.

Ese golpe cambió el tablero.
Hasta ese momento, el Yunque había decidido dejar la mesa. Después de años de persecución priista —167 emilistas amparados, varios en prisión, Aristóteles Sandoval al frente—, la derecha jalisciense optó por observar. Que Colín y su equipo administraran las migajas del partido mientras se enfriaban los ánimos. No intervenían. Esperaban.
Pero Colín no era un administrador neutral. Llegó sin preparación académica sólida, sin trayectoria política de peso, sin capital propio. Llegó porque alguien decidió que sí. Y cuando los líderes históricos de la derecha intentaron acercarse, ofrecerle estructura, experiencia y recursos, la respuesta fueron burlas y puertas cerradas. En una mesa de posible acuerdo, la conversación se salió de control. Colín agredió a Herbert. Ahí se acabó la paciencia.
Se convocó una reunión. No de queja. De decisión. El diagnóstico fue claro: el PAN no puede seguir en manos violentas y torpes. O se recupera o se acaba. Y se acabó la espera.
Analizaron los pilares de Colín: el Poder Judicial, Chapala y algunos municipios clave, la coordinación en el Congreso y el control del partido. Cuatro objetivos. Cuatro frentes. Decidieron concentrar fuego ahí. También revisaron las fortalezas y los proyectos de Colín, su ruta de consolidación. Y empezaron a moverse.
Hoy ya se ven las consecuencias. El proyecto de diputado federal de Julio Hurtado —que iba por encima de José Antonio de la Torre Bravo, aliado e insider, y de Gustavo Macías— fue descarrilado de un golpe seco. El CEN del PAN ya tiene la puntita de lo que hay sobre Hurtado: carpetas por violencia y portación de armas. Y un aviso claro de lo que se sabrá si lo nombran candidato: hechos de sangre, corrupción, fotos y audios con personajes muy peligrosos de Los Altos. Carpetas que no se inventan en un despacho.
Respecto al Comité Estatal, ya inició la discusión formal sobre el manejo del dinero. Esperan respuestas. Las pruebas no las fabricó nadie externo: las entregaron miembros del propio comité. La denuncia presentada por panistas de la corriente Patria Ordenada ante la Fiscalía Especializada en Delitos Electorales no es un acto aislado. Es la primera pieza visible de una estrategia más amplia. Operaciones contables sin materialidad, concentración de gastos en proveedores sospechosos, personal fantasma en nómina y evolución patrimonial anómala de líderes. Todo bajo la sombra de la red “Del Caballito”, desmantelada por la Fiscalía General de la República, con más de 12 mil millones de pesos en facturas falsas y nexos que llegan hasta el entorno de un magistrado del Tribunal de Justicia Administrativa de Jalisco.
Sobre Chapala y el Poder Judicial la documentación es sólida. El timing marcará cuándo se usa. Dos órdenes salieron también de aquella reunión: cuiden a Claudia Murguía y busquen, acérquense, reconstruyan el panismo. De facto o formal, estarán listos para aliarse cuando haga falta frenar a Morena.
El Yunque no es un grupo de nostalgia. Es una estructura que sabe cuándo esperar y cuándo golpear. Colín creyó que el partido era suyo por decreto. Descubrió que el partido tiene memoria, tiene red y tiene capacidad de respuesta. El manotazo en aquel restaurante no fue solo una falta de control. Fue el momento en que se terminó la tregua.
Ahora la pregunta no es si Colín aguanta. Es cuánto tiempo le queda antes de que los cuatro frentes se cierren al mismo tiempo.
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