Jorge Eduardo García Pulido
El panorama político en Tonalá ha alcanzado un punto de inflexión. La voz de Liliana Olea Frías ha dejado de ser un eco para convertirse en un estandarte de dignidad, al manifestar un respaldo irrestricto a Sergio Chávez Dávalos. Esta alianza no es un movimiento casual; es una declaración de principios frente al hartazgo acumulado por el olvido sistemático que el Gobierno del Estado ha ejercido sobre el municipio y su gente.
El desarrollo de nuestra metrópoli ha sido secuestrado por una visión centralista y selectiva que ha volcado todos los recursos hacia el Poniente, dejando a la zona oriente y a Tonalá en una periferia de marginación. Mientras se destinan presupuestos millonarios y se priorizan las obras bajo el pretexto del Mundial de fútbol, se deja de lado el desarrollo equitativo de ciudades como Tonalá, Guadalajara, Zapopan o Tlaquepaque. Esta disparidad es, en el fondo, una forma de violencia institucional que condena a los habitantes a vivir en condiciones de desigualdad.
Sergio Chávez ha sido enfático al denunciar cómo la obra pública se ha utilizado históricamente con tintes partidistas, sin importar el color que gobierne. Hoy, el pretexto es la falta de dinero, pero mañana los recursos aparecen mágicamente en las zonas favorecidas por la narrativa oficial. Ante este escenario, tanto Liliana Olea como Sergio Chávez han alzado la voz contra una injusticia social que ya no es tolerable. Resulta inaceptable que se condene a las familias tonaltecas a recibir servicios deficientes, como el agua de mala calidad, mientras se les intenta convencer de que son ciudadanos de segunda.
Liliana Olea ha sido clara: su respaldo a Sergio Chávez es total porque reconoce en él la voluntad de romper este círculo vicioso. Esta unión es una trinchera contra la insensibilidad gubernamental y una exigencia firme para que el desarrollo llegue a todos los rincones de la ciudad, sin distinciones de partido.
La política que se ha practicado hasta hoy, basada en el desdén y la exclusión, tiene los días contados. La alianza entre Olea y Chávez representa la esperanza de quienes exigen, por derecho y dignidad, una metrópoli donde el bienestar de las familias esté por encima de cualquier interés electoral o capricho mundialista. Tonalá no está sola en esta batalla; es momento de que el gobierno entienda que la sensibilidad hacia las necesidades de la gente no es opcional, y que la exigencia de un trato justo es la única ruta hacia la verdadera transformación de Jalisco.
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