Por la Redacción
Abrir la llave del agua en Guadalajara se ha convertido en un volado y, demasiadas veces, en una pesadilla. El desabasto y la pésima calidad del agua en nuestra metrópoli ya dejaron de ser un simple fallo técnico; hoy son una crisis humana que pega duro en el bolsillo y la salud de miles de familias. Recibir agua puerca, chocolatosa o con olores insoportables es un golpe tremendo a la dignidad de la gente, que se ve imposibilitada hasta para lavarse los dientes, lavar su ropa o bañar a sus hijos con un mínimo de seguridad higiénica. En esta parte de la entrevista que nos dio el diputado del Distrito 1 local, Sergio Martín Castellanos, argumentó sin filtros sobre este abandono imperdonable que nos tiene consumiendo agua contaminada.
Para entender el peso de sus palabras, hay que recordar que Martín Castellanos no es un aparecido en este tema. Él ha sido uno de los críticos más feroces y constantes del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA). De hecho, fue su presión implacable y sus exhortos en el Congreso lo que realmente arrinconó y provocó la destitución del anterior titular del organismo hace apenas un par de meses. Cuando muchos preferían callar, el legislador fue quien alzó la voz para exigir auditorías a fondo, dejando muy claro que, si el director no podía con el paquete para limpiar el agua y transparentar los cobros injustificados a la gente, tenía que irse.
Al rascarle a las verdaderas causas de por qué nos llega esa agua pestilente, el diputado argumentó una realidad que asusta: la infraestructura que corre debajo de nuestras calles está completamente podrida. Martín Castellanos explica que en la capital de Jalisco todavía existen tuberías de barro que se instalaron hace un siglo y que, lógicamente, ya dieron de sí. Esta red reventada y colapsada provoca que la tierra del subsuelo y, en los peores escenarios, las aguas negras y fecales, se filtren y se mezclen con el agua que va directo a nuestras cisternas. Es una bomba de tiempo que las familias están pagando con enfermedades de la piel y del estómago, sumado al dineral extra que tienen que gastar en garrafones nada más para medio sobrevivir.
Y lo que más da coraje es ver cómo los gobiernos se avientan la bolita. El legislador denuncia una tremenda falta de voluntad política, señalando directamente a los ayuntamientos de Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque, así como al gobierno estatal, por voltear para otro lado. Mientras los tubos se caen a pedazos y el ducto principal que viene de Chapala agoniza por la contaminación, las autoridades prefieren seguir poniendo parches temporales en lugar de meterle la inversión millonaria que exige renovar la red vieja. Martín Castellanos advierte sin rodeos: si siguen pateando el bote, en unos veinte años nos vamos a quedar secos y sumidos en un colapso total.
Frente a este escenario que lastima tanto a la ciudadanía, la labor de Sergio Martín Castellanos toma un valor enorme. Aunque su responsabilidad directa es el Distrito 1, se ha puesto los zapatos para recorrer los municipios, señalando cada foco de infección y plantándole cara a la negligencia de las autoridades. Su compromiso con los jaliscienses es firme: no se conforma con que hayan rodado cabezas en el SIAPA, él busca un arreglo real. Al exigir un cambio profundo y acompañar el justificado enojo de las familias, demuestra que lo que nuestra tierra necesita es gente echada para adelante, decidida a arrancar los problemas de raíz para que por fin volvamos a tener agua digna y limpia en nuestros hogares.
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