Por Alberto Jiménez Martínez
Picachos y Hasar’s llevan 17 años chorreando lixiviado al río Milpillas y las cascadas de Huaxtla ya no son turquesa, son caldo putrefacto.
Lo vieron los de Ixcatán, San Lorenzo, Milpillas. Lo fotografiaron. Lo dijeron en 2009, cuando el Cabildo firmó un convenio que luego se guardó en el mismo cajón donde Zapopan guarda las promesas que estorban.
Llegó septiembre y el río amaneció cobrizo. Quedaron de verse con la Profepa a las nueve, en la entrada de las cascadas. Los pueblos llegaron. La Profepa no.
“En Zapopan el basurero no es basurero: Es herencia”, dijeron. Adentro del tiradero, extraoficial, que no hallaron nada. Afuera el agua huele y las huertas se secan. Esa es la geometría del poder en esta ciudad: lo que no se ve desde la caseta no existe.
Entonces aparece la Proepa. Al frente, Iker Frangie. Hijo del alcalde que opera Picachos. El muchacho no es ambientalista; es abogado inmobiliario puesto a procurador.
Inspeccionan, encuentran los cárcamos al ochenta por ciento y, en vez de sanción, “medidas de urgente aplicación”: rebombeo, talud, taparle un ojo a la celda.
Zapopan la libra. El municipio del papá sale limpio. El río, no.
No hace falta gritar “delito” para oler el arreglo. El Código Penal de Jalisco, artículo 154, habla de omisiones que dan ventaja y de resoluciones contrarias a las constancias. Las constancias están en el color del agua, en el convenio de 2009, en los metales que la UdeG ya midió hace una década y en la foto que cualquiera sube al celular. Lo que falta no es prueba. Falta quién se atreva a abrir carpeta sin preguntar apellido.
Lemus lo puso. Frangie padre dice que no hay conflicto porque “eso es del Estado”. Como si el Estado no comiera en la misma mesa.
Mientras tanto, en la carretera a Colotlán se sigue tirando la basura de dos ciudades y el jugo baja a la barranca, al Santiago, a la gente que no vota en Providencia.
La Fiscalía Anticorrupción no necesita que le expliquen el parentesco. Lo único que tiene que hacer es lo que Proepa no hizo: dejar de mirar el relleno por dentro y mirar el río por fuera. De oficio. Ya. Porque si el hijo revisa al padre y el padre administra el veneno, esto no es política ambiental. Es impunidad con uniforme.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que La Verdad Jalisco no se hace responsable de los mismos.




