Por la redacción.
En la mayoría de los hogares mexicanos, la mujer es el pilar indiscutible. Es quien se levanta primero y apaga la luz al final de la jornada; quien administra el sustento, brinda la palabra de aliento, organiza y mantiene unido el tejido familiar. Esta esencia protectora, heredada de la sabiduría de los pueblos originarios, es el cimiento de la visión política y social de Claudia García Hernández, una mirada de mujer que otorga un valor profundo a las mujeres de Tonalá y propone un modelo de cuidado colectivo forjado en el sacrificio diario y el servicio sin reconocimiento.
Frente a los modelos occidentales que imponen, dividen, invisibilizan y destruyen en nombre de una lógica puramente capitalista, la perspectiva femenina que impulsa García Hernández busca convocar, escuchar, equilibrar y armonizar. Su visión entiende que el territorio no solamente se administra ni se explota para generar riqueza inmediata, sino que se cuida y se preserva. Esta convicción se refleja en su firme defensa del Cerro de la Reina, oponiéndose tajantemente a las intenciones de instaurar un OPD que prioriza el dinero por encima de la protección de un pulmón natural que le pertenece a todos los tonaltecas.
El trabajo cotidiano de Claudia García se fundamenta en la inteligencia colectiva y el sentido común, operando bajo la premisa de que todos caben, todos opinan y nadie se queda atrás. Su labor legislativa, tanto en el Congreso del Estado como en el Congreso de la Unión, es un testimonio claro de su vocación por darle eco a los que no tienen voz. Ha caminado de la mano con el colectivo Luz de Esperanza en la dolorosa búsqueda de desaparecidos, ha respaldado a las víctimas del 22 de abril y ha impulsado leyes vitales contra la violencia vicaria y a favor de una justicia real para las mujeres violentadas. Asimismo, ha llevado a la tribuna la defensa del agua limpia, la exigencia de justicia para las tierras y aguas de los ejidatarios, la preservación de los espacios bioculturales y la lucha frontal contra la contaminación por plásticos.
Para ella, el servicio público exige una congruencia absoluta entre lo que se piensa, se dice y se hace. Trabajando de lunes a domingo, asume el esfuerzo diario como una virtud indispensable y mantiene viva la premisa de los antiguos: la palabra dada tiene un peso sagrado y debe cumplirse. Su labor no es una pose política, sino una extensión auténtica de su deseo de ayudar a la gente, generando apoyos que faciliten la vida ciudadana con menores costos y mayor empatía.
Por todo lo anterior, el argumento es contundente: para Claudia García es tiempo de mujeres en Tonalá. Es el momento exacto para que esa sensibilidad ancestral, esa capacidad inagotable de organización y ese profundo amor por la tierra tomen las riendas de la presidencia municipal, demostrando que el servicio público, ejercido desde la razón y la vocación femenina, es la herramienta definitiva para proteger, sanar y transformar a la sociedad.
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