Lic. Armando Maldonado
El Ayuntamiento de Guadalajara se enfrenta, una vez más, a un tema sumamente álgido y a una compleja encrucijada que ha sido heredada de administración en administración. Desde el periodo gubernamental del entonces alcalde, el ingeniero Ramiro Hernández García, y a lo largo de más de doce años, las distintas administraciones municipales han evadido o fracasado en la resolución de la problemática que se suscita cada domingo en este sitio. En aquel entonces, el extinto licenciado Gustavo Flores Llamas promovió diversos amparos a favor de los colonos para evitar que el comercio del tianguis El Baratillo creciera de manera desmedida y sin regulación sobre la calle Santa Beatriz, lugar donde él residía. Sin embargo, dicha iniciativa no prosperó; por el contrario, al ingresar al poder municipal el partido Movimiento Ciudadano, el tianguis se consolidó como una pieza fundamental para el crecimiento político de dicha fracción.
Durante los últimos años, este comercio irregular ha entrado en franca confrontación con asociaciones y grupos vecinales, inconformes ante un crecimiento desmedido que resulta auspiciado y solapado por el personal de la Dirección de Tianguis y Comercio en Espacios Abiertos del gobierno municipal. Lejos de fungir como mediadores para lograr una conciliación, las autoridades han polarizado el panorama a tal grado que los representantes vecinales han sido blanco de amenazas por parte de ciertos comerciantes. Asimismo, las instancias oficiales han tolerado la instalación de nuevos vendedores en contubernio con presuntos líderes del gremio, quienes comercializan los espacios en la vía pública a costos elevados y al margen de las arcas municipales. Esta práctica ha provocado el cierre de vías donde existía prelación de paso vehicular, indispensables para la movilidad de la zona, afectando gravemente a la ciudadanía y, en especial, a los residentes locales, entre los cuales destaca una considerable población de la tercera edad. En más de una ocasión, este bloqueo ha impedido el acceso oportuno de unidades de emergencia médica para auxiliarlos, poniendo en riesgo vidas humanas y transformando el área en un verdadero viacrucis para estos adultos mayores.
Cabe recordar que, hace dos administraciones, aún se mantenía el paso vehicular en vías estratégicas como la calle José María Lozano, un acceso que desemboca directamente en el área de urgencias del Centro Médico Nacional de Occidente. El otro paso habilitado fluía a través de la calle San Esteban, con circulación en sentido opuesto a la vía anterior.
Las afectaciones y molestias para los vecinos comienzan desde el sábado por la noche con la instalación de estructuras a cargo de armadores contratados por los comerciantes, lo que provoca el cierre de arterias de alta afluencia vehicular. Entre estas destacan Puerto Melaque y Pedro Celestino Negrete, así como Santa Beatriz —conocida como la calle 40— en ambos sentidos, siendo esta última el epicentro de mayor comercio irregular en El Baratillo. Posteriormente, el retiro de los puestos incumple flagrantemente el Reglamento para el Funcionamiento de Giros Comerciales, Industriales y Prestación de Servicios en el Municipio de Guadalajara. Dicho ordenamiento estipula en su artículo 140, numeral 1, que el despeje debe realizarse entre las 15:00 y las 16:00 horas; no obstante, es habitual observar comerciantes instalados hasta las 19:00 horas sin recibir sanción alguna por parte de las dependencias correspondientes. Para culminar, el deficiente sistema de recolección resulta incapaz de procesar todos los desechos generados, dejando la basura apilada en plena calle, donde permanece hasta el lunes por la noche e incluso hasta la mañana del martes. Esta es una situación inconcebible frente a las aspiraciones de consolidar una Guadalajara limpia.
Las deficiencias y las claras señales de corrupción son sumamente marcadas, por lo que el trabajo pendiente para organizar este desorden resulta monumental. Se perfila como una labor titánica y un verdadero reto para Óscar Villalobos Gámez, titular de áreas de servicio público que actualmente dejan mucho que desear, y con mayor exigencia para Verónica Delgadillo García.
Ojo al tiempo.
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