De la selva de Kipling a la jungla de asfalto: una historia sobre teatro, comunidad y memoria cultural
Mariana Navarro
Periodista cultural y escritora
Especialista en ética aplicada, comunicación e innovación en tecnologías con enfoque humano.
No sé si usted se acuerde de la voz de Tin Tan cantando como Baloo en aquella maravillosa película El libro de la selva.
¿Se acuerda?
“Busca lo más vital.”
Han pasado casi seis décadas desde aquella película de 1967 y, sin embargo, la melodía sigue regresando.
Hay historias que regresan porque todavía tienen algo que decirnos.
Mowgli nació literariamente en la selva imaginada por Rudyard Kipling a finales del siglo XIX. Después llegaron el cine, la animación, la música y aquel Baloo que varias generaciones aprendimos a reconocer por una idea sencillísima:
buscar lo esencial.
Kipling creó la selva.
El cine le puso movimiento.
Y Baloo nos dejó una filosofía convertida en canción.
Más de un siglo después, aquella idea puede salir de la ficción y caminar por Guadalajara.
Porque en nuestra propia jungla de asfalto, entre tráfico, prisas, edificios y pantallas, quizá también convenga preguntarnos:
¿qué es lo vital para una ciudad?
Entre las respuestas posibles está la cultura.
GUADALAJARA: UNA CIUDAD FRENTE AL ESCENARIO
Guadalajara tiene una larga memoria teatral.
El Teatro Degollado, inaugurado el 13 de septiembre de 1866, permanece como uno de los grandes símbolos culturales de la ciudad. Su sala registra un aforo de 1,015 localidades. (Sistema de Información Cultural)
Pero la historia escénica de Guadalajara no se escribió únicamente en los grandes recintos.
También la construyeron compañías, actores, productores, técnicos, talleres y pequeños foros independientes.
Algunos permanecieron.
Otros desaparecieron.
Y ahí está una parte de la historia cultural que pocas veces contamos:
también los teatros pueden desaparecer.
Cuando eso ocurre no se pierde solamente un inmueble.
Se pierde un lugar donde sucedían cosas.
Ensayos.
Estrenos.
Primeras oportunidades.
Encuentros.
Aplausos.
Fragmentos de historia viva.
OCHENTA BUTACAS
En Pedro Moreno 481, en el Centro de Guadalajara, existe un pequeño espacio llamado Foro Artem Centro Cultural.
Y está vivo.
Nació el 20 de agosto de 2022.
Tiene 80 localidades y un escenario de siete metros de boca por cinco metros de fondo, de acuerdo con el registro de la Coordinación Nacional de Teatro del INBAL. (Coordinación Nacional de Teatro | INBAL)
Ochenta butacas.
No parecen muchas frente a las 1,015 del Teatro Degollado.
Pero el valor cultural no siempre se mide en metros cuadrados.
Ni siquiera en número de asientos.
Se mide también en historias.
En el actor que pisa por primera vez profesionalmente un escenario.
En una compañía que estrena.
En el técnico que aprende un oficio.
En quien descubre la iluminación, la escenografía o la producción.
En el niño que entra por primera vez a un teatro y comprende, quizá sin saberlo todavía, que detrás de aquel telón cabe un mundo entero.
DE UNA SELVA A OTRA
Y hablando de mundos, resulta curioso que este septiembre Mowgli vuelva precisamente a este pequeño foro.
El Libro de la Selva — Musical aparece en la cartelera tapatía de septiembre en Artem Centro Cultural; las funciones del 6 y 13 están actualmente registradas en las carteleras públicas consultadas. (El Anfiteatro)
La elección resulta casi involuntariamente simbólica.
Mowgli aprende que para existir necesita relacionarse con un ecosistema.
En la selva hay diferencias, peligros, conflictos, aprendizaje, reglas, solidaridad y pertenencia.
¿Y sabe qué?
Un teatro también es un ecosistema.
No existe solamente el actor que vemos.
Detrás están dirección, producción, iluminación, sonido, vestuario, escenografía, administración, promoción y muchas horas de trabajo antes de que alguien pronuncie:
tercera llamada.
Pero todavía falta una pieza.
El público.
Sin público puede permanecer el edificio.
Pero difícilmente puede sostenerse el teatro.
Ahí entramos usted y yo.
Porque para que esa pequeña jungla simbólica siga viviendo no basta con que existan actores dispuestos a subir al escenario.
También tiene que existir alguien dispuesto a ocupar una butaca.
Mowgli necesitó una comunidad para sobrevivir.
Los teatros también.
¿QUÉ SALVAMOS ENTONCES?
No se trata de salvar paredes.
Tampoco de acudir por lástima.
Se trata de sostener trabajo cultural.
Cuando asistimos al teatro, se sostienen artistas y oficios.
Se mantienen espacios donde pueden aparecer nuevas propuestas.
Se forman públicos.
Circula trabajo.
Se generan oportunidades.
Y se conserva algo mucho más difícil de cuantificar:
la memoria de una ciudad que todavía se reúne para escuchar historias.
Por eso me resisto a pensar la cultura desde la caridad.
Un artista no necesita limosna por ser artista.
Necesita condiciones dignas para que su trabajo exista.
Cuando pagamos una entrada no hacemos una obra de beneficencia.
Reconocemos trabajo.
Y cuando ocupamos una butaca tampoco estamos rescatando a nadie.
Participamos en un intercambio cultural.
Eso cambia completamente la mirada.
Porque entonces ir al teatro deja de ser solamente entretenimiento.
También puede ser una manera de decidir qué clase de ciudad queremos conservar.
Una ciudad no es únicamente aquello que construye.
También es aquello que decide no dejar desaparecer.
Y preservar la cultura no corresponde exclusivamente a instituciones, gobiernos, empresarios, gestores o artistas.
El público también tiene una parte.
A veces tan sencilla como mirar una cartelera.
Elegir una obra.
Comprar una entrada.
Y ocupar una butaca.
CONCLUYENDO
Baloo decía que buscáramos lo más vital.
Quizá en medio de nuestra jungla de asfalto hemos confundido demasiadas veces lo urgente con lo importante.
Un teatro no es alimento.
No es techo.
Pero alimenta imaginación, memoria, lenguaje, sensibilidad y comunidad.
Foro Artem tiene 80 butacas.
Eso es todo.
Y puede ser muchísimo.
Porque detrás de esas 80 butacas hay personas trabajando para que, cuando las luces se apaguen, otra historia pueda comenzar.
Tal vez Mowgli no salve literalmente ningún teatro.
Pero puede recordarnos algo esencial:
nadie sostiene solo una selva.
Nadie sostiene solo una ciudad.
Y nadie sostiene solo un escenario.
Que se salve el teatro, sí.
Pero no por lástima.
Por su trabajo.
Por su memoria.
Por su dignidad.
Porque la cultura también forma parte de lo vital.
Y porque lo más vital no siempre llega hasta nosotros.
A veces hay que ir a su encuentro.
Quizá esta vez, lo vital tenga forma de cultura y nos espere en una de esas 80 butacas del Foro Artem Centro Cultural.
DATOS
Foro Artem Centro Cultural
Se encuentra en
Pedro Moreno 481, en el Centro de Guadalajara.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que La Verdad Jalisco no se hace responsable de los mismos.




