
Por Jorge Eduardo García Pulido
Alberto Uribe Camacho vuelve a colocarse en la conversación política con la misma narrativa de los últimos años: que ya tiene asegurada una candidatura. Primero fue Guadalajara y ahora, según versiones difundidas por su círculo cercano, Tlajomulco de Zúñiga.
Sin embargo, más allá de esos mensajes, no existe hasta el momento una definición oficial que respalde tales afirmaciones. En diversos espacios políticos comienza a verse esta estrategia como un intento de proyectar una fortaleza que todavía no se refleja en los hechos.
Las dudas también se alimentan por su conocida cercanía con personajes de Movimiento Ciudadano, partido con el que construyó buena parte de su trayectoria política y con el que, aseguran diversas voces, mantiene relaciones dentro del gobierno de Tlajomulco.
Esa situación genera cuestionamientos sobre la solidez de su proyecto político y sobre si realmente representa una opción distinta o continúa ligado a los intereses del grupo político que gobierna ese municipio.
A ello se suma que Uribe Camacho ha despertado expectativas en distintos momentos de su carrera, aunque para muchos los resultados han quedado por debajo de lo prometido. Por eso, en el ambiente político cada vez son más quienes consideran que las versiones sobre una candidatura “en la bolsa” responden más a una estrategia de presión y posicionamiento que a una realidad consolidada.
En política, el exceso de confianza suele ser un mal consejero. Y, por ahora, alrededor de Alberto Uribe parece haber más rumores que certezas.
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