La redacción.
Alberto Uribe Camacho dice que no trae nada. Eso fue lo que, palabras más, palabras menos, dejó claro a la redacción de La Verdad Jalisco: “Jamás he dicho que tenga en la bolsa algo”. Y remató: “La única certeza es que no tengo certeza si participaré en algo”.
Bien. Pero entonces aparece una pregunta que ni siquiera necesita demasiada ingeniería política:
Si no trae nada, ¿qué diablos anda negociando?
Porque mientras Uribe asegura no tener certeza sobre su propio futuro electoral, alrededor de su figura aparecen conversaciones y posibles acuerdos con Lulú Barrera, Marcela Michel y Blanca Lorena Ortega. Y aquí está lo verdaderamente curioso.
¿Está negociando con ellas espacios que puede dar?
¿Espacios que puede quitar?
¿O espacios que simplemente todavía no existen?
Porque, si seguimos su propia versión, Uribe no tiene candidatura asegurada. Morena no ha definido el tablero completo. Los distritos no son propiedad de ningún grupo político y las candidaturas tendrán que pasar por los procedimientos correspondientes que establece el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana del Estado de Jalisco y los órganos de dirección partidista a nivel federal verificables en el Instituto Nacional Electoral. Entonces surge la pregunta incómoda:
¿Qué está ofreciendo Alberto Uribe?
Porque una cosa es conversar con actores políticos, construir alianzas y explorar escenarios.
Y otra muy diferente es prometer posiciones electorales.
Lulú Barrera, Marcela Michel y Blanca Lorena Ortega no son fichas de ajedrez propiedad de Uribe.
Y los distritos tampoco. Por eso la escena resulta políticamente curiosa: un hombre que dice no tener nada en la bolsa aparentemente estaría hablando de lo que otros podrían llevarse en la bolsa.
Ahí entra el viejo refrán:
“Promete lo que no tiene y da lo que no es suyo.”
Una frase que, aplicada a la política, tiene una precisión incómoda.
Porque si Uribe realmente tiene capacidad para comprometer esos espacios, entonces la pregunta es:
¿quién le dio esa facultad?
Y si no la tiene, entonces la pregunta es todavía más sencilla:
¿qué está prometiendo?
Quizá la explicación sea que solamente está haciendo política. Perfecto. Pero entonces que nadie se sorprenda si quienes reciben esas promesas empiezan a preguntar dónde están los espacios prometidos cuando llegue la hora de repartir candidaturas. Porque una cosa es hacer cuentas.
Otra es repartirlas.
Y otra, bastante distinta, es repartir lo que todavía no se tiene.
Por eso la frase de Uribe termina siendo involuntariamente divertida.
Dice que no trae nada.
Pero aparentemente ya anda viendo qué da, qué quita y a quién se lo da.
Y ahí sí vale recordar la vieja sabiduría política:
Primero hay que tener lo que se promete.
Porque si no, puede ocurrir algo muy mexicano:
que el que promete no tenga, el que recibe no reciba y el que finalmente decide nunca haya autorizado el reparto.
Así que la pregunta queda abierta para Alberto Uribe:
Si usted dice que no trae nada en la bolsa, ¿por qué anda negociando con Lulú Barrera, Marcela Michel y Blanca Lorena Ortega espacios que tampoco son suyos para dar o quitar?
Porque una cosa es no tener nada.
Y otra es andar repartiendo lo ajeno.
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