Por la redacción.
Estaba el Vikingo paseando,
cuando la Flaca se le fue acercando:
—¡Alberto Vikingo, ve preparando maletas,
que tu banca en el panteón ya está completa!
El Vikingo, sorprendido, reviraba:
—¡Pero, ¿cómo es posible?! ¡Si mi proyecto apenas comenzaba!
Todavía hay mucho por hacer,
y a Tlajomulco le falta mucho por resolver.
La Huesuda soltó una carcajada:
—¡No te hagas, Alberto, que ya sé de tu jugada!
Tu misión todavía no termina,
¡la Presidencia Municipal es la que te anima!
El Vikingo, sonriente, le contestaba:
—¡Entonces, Flaca, tu visita está equivocada!
Con el pueblo de Tlajomulco ya tomamos una decisión,
y el 2027 sigue siendo nuestra conversación.
La Muerte, algo confundida, preguntaba:
—¿Y qué hay de los acuerdos que tu equipo prepara?
—Hay diálogo con todos los grupos y unidad en construcción,
porque para lo que viene se necesita organización.
La Flaca, decepcionada, su guadaña levantó:
—¡Pues me voy por donde vine, porque contigo no se logró!
A Lulu dejé esperando, pues la jugada se complicó,
y el Vikingo sigue en la ruta que desde hace tiempo trazó.
El Vikingo se despidió, muy tranquilo y sonriente,
saludando a la Calaca como quien saluda a su gente:
—¡Regresa en otra ocasión, que hoy no me toca descansar,
que todavía hay mucho camino y Tlajomulco por conquistar!
Y la Muerte se fue diciendo, mientras se alejaba:
—¡Con este Vikingo ni la Huesuda puede…
porque hasta la muerte le respeta la agenda del 2027!
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