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Calaverita a Juncal Solano.

Jorge Eduardo García Pulido.

La Catrina y la Regidora

Estaba la Muerte flaca

paseando por el Tonalá,

buscando a una funcionaria

que poco se deja ver ya.

Encontró a Juncal Solano

muy cómoda en su curul,

firmando su sueldazo alto

desde su teléfono azul.

—Vengo por ti, mi regidora,

—le dijo la parca seria—,

te pasas la vida entera

cobrando sin asistencia.

Juncal soltó la tabletita

y empezó a reclamar con saña:

—¡Esto es violencia política!

¡Es una guerra de alimañas!

La Catrina se reía

mientras le mostraba el acta:

—No llores por tus quincenas,

si la falta es muy exacta.

Te pagan por trabajar

y nunca pisas la oficina,

te vas a hacer tus videos

mientras la gente camina.

De nada sirvió el blablablá

ni echarle la culpa al Charro,

la huesuda se la llevó

directito al camposanto.

Y ahora descansa en la tumba,

sin sueldo y sin protección,

por andar cobrando tanto

y asistir pura… ilusión.


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