Por: Jorge Eduardo García.
El reciente proceso electoral en Jalisco no fue solo una contienda; fue una lección amarga sobre la desarticulación y la improvisación. La gestión de la agrupación Suma, bajo el mando de Hugo Rodríguez, dejó un saldo que hoy pesa en la memoria operativa del morenismo local: un fracaso evidente en la defensa del voto y una negligencia administrativa que culminó con el incumplimiento de pagos a los representantes de casilla. Presentar las sábanas del IEPC para intentar validar un triunfo presidencial, mientras se ignoraba la derrota local, fue el síntoma final de una gestión que careció de estrategia, de datos y, sobre todo, de resultados.
Pero los errores del pasado no pueden ser el epitafio del movimiento. Hoy, la visión desde el centro del país es distinta. Efraín Morales López, director general de la CONAGUA y pieza de absoluta confianza de la Presidenta Claudia Sheinbaum, ha tomado la batuta con una instrucción precisa: profesionalizar la operación y asegurar que el proyecto de la Cuarta Transformación en Jalisco tenga la estructura que se le negó en la pasada contienda.
Para lograr esta recomposición, el mando operativo recae en las personas de plena confianza que son Efraín Morales López y Ramiro López Elizalde. Ellos dirigen un equipo sólido compuesto por Ernesto Palacios, Miguel de la Rosa y Michel Cisneros, quienes tienen la encomienda de integrar a los actores clave bajo una misma visión para eliminar la opacidad y las vicisitudes que marcaron la etapa anterior. En este esquema, el designado para encabezar la operación en territorio es Michel Cisneros. Cisneros es un perfil que, desde sus años universitarios, ha demostrado una vocación política clara como líder estudiantil; su trayectoria se ha forjado en el contacto directo con la calle, demostrando una capacidad probada para el manejo de grupos y una voluntad de trabajo arduo. Hoy, además de gestionar la función más estratégica del proyecto de la Presidenta de la República —la vivienda social—, tiene la responsabilidad de organizar el territorio a través de Suma para que la agrupación finalmente cumpla su propósito de sumar.
La directriz es clara: se acabó el tiempo de la negligencia. Si en el 24 la inoperancia fue la marca de la casa, el 27 exige una estructura técnica, profesional y capaz de consolidar una victoria que no deje dudas. La agrupación ha entendido que, para ser parte del futuro, debe corregir su presente. Suma no sumó en el 24, pero hoy, bajo la dirección de Efraín Morales y Ramiro López Elizalde, y con una supervisión federal que no admite errores, está obligada a sumar resultados tangibles para Morena en el horizonte del 2027.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que La Verdad Jalisco no se hace responsable de los mismos.




