Por Jorge Eduardo García Pulido.
¿Le interesa realmente a la cúpula nacional el bienestar de Jalisco? ¿O de plano la promesa de transformación ha quedado reducida a una cruel paradoja? Al analizar la dinámica del poder en el estado, resulta inevitable recordar la obra *Un mundo feliz* de Aldous Huxley, donde la ilusión de la perfección y las sonrisas prefabricadas sirven para anestesiar a la sociedad y ocultar una realidad de control, superficialidad y vacío. En San Pedro Tlaquepaque, esa distopía toma forma a través de fotografías de unidad que intentan vender un escenario impecable, cuando a ras de piso la verdad es radicalmente distinta.
El escenario político en este municipio es mucho más oscuro que una simple imagen publicitaria en redes sociales. Detrás de los mensajes triunfalistas de la actual presidente municipal, Laura Imelda Pérez, se esconde una compleja red de acuerdos por debajo de la mesa, herencias de opacidad y una gestión que ha abandonado a sus ciudadanos para priorizar ambiciones personales y pactos inconfesables.
El intento de validar su proyecto de reelección presumiendo el respaldo de figuras como Citlalli Hernández —exdirigente del partido y actual responsable de la comisión nacional de elecciones de Morena— resulta una ofensa para las bases. La foto busca mandar un mensaje de control absoluto, pero ignora los principios de la propia dirigencia nacional. Resulta fundamental recordar el mensaje de la actual presidente nacional de Morena, Ariadna Montiel, quien al asumir el cargo recientemente fijó reglas estrictas sobre cómo se entregarán las candidaturas: exigió perfiles con trayectorias impecables y advirtió que no se toleraría la opacidad ni la corrupción en ningún gobierno del partido. El historial de Tlaquepaque choca de frente con estos lineamientos.
Por un lado, la realidad en el ayuntamiento muestra una injerencia directa de figuras clave de Movimiento Ciudadano. La expresidente María Elena Limón, quien arrastra uno de los historiales más grandes de opacidad en el municipio, junto con el secretario de gobierno Salvador Zamora y el senador Clemente Castañeda, están aportando de manera activa sus liderazgos y estructura al trabajo de la actual presidente municipal. No obstante, Limón juega a múltiples bandos: aparentemente sigue operando para su partido, pero en la práctica apoya a todas las expresiones políticas para asegurar su supervivencia, apostando a todos los proyectos para nunca perder.
En paralelo, la supuesta suma incondicional del Partido Verde Ecologista al proyecto de reelección es una ilusión de cúpula. En la realidad, el Partido Verde mantiene un acuerdo de facto, no escrito pero plenamente reconocido, con el gobernador Pablo Lemus Navarro y con Luis Munguía, presidente municipal de Puerto Vallarta. A nivel local, es el diputado Alberto Alfaro quien realmente lleva mano en las decisiones de la candidatura en Tlaquepaque por ese partido.
La cruda verdad electoral es que el único partido político que sostendrá una alianza firme con Morena en Jalisco es el Partido del Trabajo. José Luis Sánchez ha logrado rescatar y consolidar su liderazgo, convirtiéndose en el actor político central con el que el partido guinda deberá trazar y acordar su estrategia real en el estado.
Mientras tanto, Laura Imelda Pérez confía su futuro a las relaciones públicas con las dirigencias nacionales y sus amistades cupulares. Su soberbia llegó al grado de mostrar desdén y negarse a atender a Ricardo Villanueva, el enlace enviado por la presidencia de la República, argumentando diferencias de grupo político.
Ante este cúmulo de incongruencias, la pregunta obligada para la señora Pérez es contundente: ¿no tiene vergüenza en buscar reelegirse para después intentar ser la candidata a la gubernatura del estado? No existe una sola razón por la cual los ciudadanos, la dirigencia de Ariadna Montiel, o la propia presidente Claudia Sheinbaum, deban solapar semejante nivel de opacidad y cinismo político. Tlaquepaque no necesita fotografías de escritorio ni el soma de un «mundo feliz» para aparentar control; requiere frenar a un gobierno municipal que se ha convertido en un instrumento de ambición desmedida, antes de que la Cuarta Transformación en Jalisco termine consolidándose como una triste e hipócrita paradoja.
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