Por Jorge Eduardo García Pulido
Entender la política actual en Guadalajara requiere un manual de usuario, y ese manual se llama “Vero Delgadillo para dummies”. Como todo ejemplar de esta serie, el objetivo es simplificar lo complejo: traducir las decisiones que parecen carecer de sentido en conceptos básicos para que cualquier ciudadano entienda qué sucede realmente detrás de la fachada del Palacio Municipal. Es una guía diseñada para quienes, como el regidor Chema Martínez, se encuentran perplejos ante una gestión que rompe con todas las reglas de la administración pública tradicional.
Tras observar los videos que Chema Martínez comparte en sus redes sociales, queda claro que las directrices de La Presidente Verónica Delgadillo desafían el sentido común. El regidor ha señalado, con tono de desconcierto, que la titular del Ejecutivo Municipal ha mutado de ser una figura que gobierna a un perfil de influencer. En lugar de atender la agenda de la ciudad con rigor, la administración parece volcada en una puesta en escena permanente. Se priorizan los accesorios para la mascota —como los impermeables temáticos de la selección— y la presencia en eventos sociales, dejando de lado los compromisos que el cargo exige. Martínez advierte una desconexión total: La Presidente parece haber cambiado su esencia original por una nueva identidad social, buscando codearse con élites y círculos ajenos a sus raíces, mientras lugares como Talpita quedan en el olvido, resintiendo el descuido institucional de una gestión que prefiere la imagen al trabajo.
El manejo del SIAPA es el ejemplo más claro de esta falta de compromiso. La administración municipal ha preferido mantenerse como espectadora ante la ineficiencia y la opacidad, utilizando la desinformación para ocultar la crisis hídrica. Mientras las familias sufren la falta de servicio y cobros excesivos, la estrategia municipal se limita a evitar el costo político de una realidad que ya no puede ocultarse. Es, en esencia, un ejercicio de poder donde la promoción personal siempre estará por encima del bienestar común.
Este escenario nos obliga a mirar al fondo del problema: ¿este es el gobierno que merecemos o es el gobierno que nos impusieron? Ante la posibilidad de que este estilo de gestión continúe tras su paso por la Presidencia Municipal y en vísperas de su aspiración por la gubernatura, los ciudadanos debemos preguntarnos si realmente deseamos obtener tres años más de lo mismo en Guadalajara, seguidos de una gestión estatal bajo la misma lógica. La reflexión es ineludible: ¿estamos dispuestos a aceptar la posibilidad de un ciclo de nueve años con un gobierno que no promete soluciones, que no entrega resultados y que limita su existencia a la producción de videos para redes sociales?
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