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Más vale 13 en la mano que 60 volando.

Jorge Eduardo García Pulido.

El análisis sociopolítico actual permite observar una realidad que trasciende la superficie de las mediciones mediáticas. Es necesario establecer como hipótesis central que los resultados publicados el 10 de junio de 2026 en el periódico Mural, donde se asigna un 60% de intención a Gerardo Quirino Velázquez, operan más como un instrumento de seducción política hacia la figura del gobernador que como un reflejo fiel de la voluntad popular en todo el territorio.

Para el ciudadano que habita fuera del corredor de López Mateos, la figura del actual presidente municipal se percibe distante y ajena a su realidad cotidiana. Esta desconexión es la que permite que el trabajo de campo de Alberto Martínez Gutiérrez, El Vikingo, cobre una relevancia que las encuestas convencionales subestiman sistemáticamente. Es imperativo señalar que su crecimiento político ha sido objeto de una presión indebida por parte del equipo de gobierno, extendiendo el amedrentamiento hacia sus empresas familiares y sus colaboradores cercanos. Estas malas estrategias y decisiones tomadas desde el poder para intentar frenar su avance, lejos de debilitarlo, han evidenciado una debilidad operativa y una falta de tacto político que, a la postre, han resultado contraproducentes para la propia figura de Gerardo Quirino Velázquez.

Bajo este esquema, se vislumbra un escenario de alta competitividad de cara al 2027. Aunque la marca partidista Movimiento Ciudadano cuenta con una estructura consolidada, Morena ha fortalecido su presencia no solo a través del alcance en redes sociales, sino mediante la aprobación ciudadana a sus programas sociales y la gestión de la Dra. Claudia Sheinbaum. En este contexto, al interior de Morena se registra un empate técnico entre Alberto Martínez Gutiérrez, quien se mantiene con un 13% de intención, y Lourdes Barrera Razo, cuya figura muestra una tendencia clara a la baja en las preferencias electorales.

Es pertinente señalar que la figura de Lourdes Barrera Razo ha generado diversas críticas internas debido a una percibida falta de tacto y sensibilidad política. Su historial se ve afectado por actos de amedrentamiento ejercidos por su familia, específicamente por parte de su padre, hacia la figura de Erika Pérez García, presidenta de Morena en Jalisco. Esta situación ha mermado considerablemente sus simpatías tanto entre la militancia como en los círculos cercanos al poder nacional, complicando su posición ante la búsqueda de unidad que el partido requiere en el estado.

Existe una paradoja inevitable en este escenario, la de David contra Goliat. Alberto Martínez Gutiérrez, a pesar de su corpulencia y presencia física, es visto desde el oficialismo de Movimiento Ciudadano como un perfil menor, lo cual resulta irónico dada su trayectoria pública y su trabajo previo dentro de la estructura de ese mismo organismo político en el Ayuntamiento. Este origen ha generado un respeto, reconocimiento y, sobre todo, una inquietud palpable en el equipo cercano a Gerardo Quirino Velázquez. Si la soberbia, cual armadura pesada, no permite ver el peligro real, el resultado podría emular la historia bíblica; de lo contrario, Quirino tendría que comenzar a visualizar a Martínez Gutiérrez como un posible contendiente que podría aparecer junto a él en la boleta electoral de 2027.

El esfuerzo de Quirino por mantener una narrativa de control responde, en última instancia, a una necesidad de llamar la atención de Pablo Lemus. Es evidente que el interés político de Lemus no radica en Tlajomulco, territorio que históricamente responde a la influencia de Enrique Alfaro, sino en consolidar sus propios bastiones, especialmente Zapopan y Guadalajara. Quirino necesita desesperadamente demostrar que puede preservar el bastión alfarista, aun cuando el titular del ejecutivo estatal tenga prioridades geográficas distintas.

Es vital subrayar que no estamos ante un proceso electoral formal, por lo cual estas figuras no son candidatos y falta mucho para llegar a octubre, fecha en la que apenas se podrían definir los perfiles. La contienda que se perfila, bajo la hipótesis de una posible alternancia, dependerá de la capacidad de Morena para capitalizar una alianza estratégica y de cómo el trabajo acumulado por sus aspirantes logre desafiar el dominio mediático. El 2027 se presenta entonces no como una elección de nombres, sino como un plebiscito donde, llegado el momento, se demostrará quién cuenta con la mayor capacidad de movilización, resultando en una elección sumamente atractiva donde, al final, ganará Tlajomulco mediante la decisión democrática de su gente.


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