Redacción.- ¿Le toca a Mery Pozos componer el espacio público y hacer comunidad? ¿Le corresponde a ella realizar estas acciones o es responsabilidad de quien encabeza el gobierno municipal? Ante la negligencia, el cinismo y la opacidad, surge un evidente desmerecimiento social. La realidad es clara: los tapatíos ya no pertenecen a la misma clase de la presidente municipal de Guadalajara, Verónica Delgadillo, quien ha antepuesto sus relaciones personales o de élite, haciendo gastos superfluos y justificándose en las colonias, mientras realiza una metamorfosis de gobierno que se reduce a reels, videos y una gestión en redes sociales totalmente impróspera.

Frente a esta frivolidad de aparador, emerge una figura que se mueve bajo códigos muy distintos. De la diputada Mery Pozos se dice con frecuencia una frase que en Guadalajara tiene un peso enorme: tiene barrio. Tener barrio no es una etiqueta vacía; es sinónimo de experiencia de vida, de sencillez, de un trato humano genuino, de calidez y de una empatía que no se ensaya para la cámara. Significa conocer las carencias desde el suelo que se pisa, escuchar sin prisa y entender las dinámicas de las familias trabajadoras porque se comparte su misma raíz.
Esa cercanía se traduce en una forma de actuar que emula los códigos de lealtad más profundos: Mery Pozos sabe lo que es hacer esquina. Como en el boxeo, donde el equipo en la esquina es el que te sostiene, te orienta y te cuida en los momentos más difíciles del combate, la diputada tira esquina con las personas más vulnerables de Guadalajara. Hace equipo con los vecinos, identifica las oportunidades reales de mejora y se convierte en el respaldo de quienes se sienten desamparados por sus autoridades locales. No es una simulación digital; es un compromiso de proteger y acompañar a la comunidad.
El reflejo de esta visión se observa directamente en este parque de Guadalajara. Mery Pozos ha hecho posible que este espacio tome vida. Es evidente que, si bien sus facultades legales como diputada no le confieren la obligación ni el presupuesto para ejecutar obras públicas de manera directa, sí le confieren la autoridad moral para organizar a la sociedad, buscar la empatía y generar una verdadera comunidad donde el ayuntamiento ha decidido ausentarse. Su labor garantiza que el tapatío común de a pie tenga un lugar digno donde convivir y reconstruir el tejido social. El contraste es inevitable: un gobierno tan frívolo e ineficiente como el de Verónica Delgadillo no resiste la comparación frente a la calidez, el respaldo y la profunda humanidad de la diputada Mery Pozos.
Ahora bien, hay que reconocer una cualidad que ha caracterizado históricamente a Movimiento Ciudadano: su capacidad para recomponer el rumbo. El ejemplo más elocuente es Ismael del Toro, quien debió haber sido el candidato natural para Guadalajara previo a la elección de gobernador, garantizando la continuidad de la cadena alfarista. Sin embargo, diversos factores y la decisión final de apartarlo de la ruta partidista derivaron en el escenario que permitió la gubernatura de Pablo Lemus. Queda pendiente ver si en Movimiento Ciudadano sabrán tomar las decisiones correctas para que, de una vez por todas, la frivolidad termine y el gobierno comience.
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