Por Jorge Eduardo García Pulido.
Resulta necesario poner en perspectiva el tablero político actual para comprender la magnitud de la incomodidad que hoy vive la clase política local. No olvidemos que hace tiempo, mucho antes de que la Universidad de la Libertad de Ricardo Salinas Pliego cobijara el discurso de Cayetana Álvarez de Toledo, fue la COPARMEX quien ya había dado espacio a figuras de este corte ideológico. Existe un vínculo que va más allá de lo institucional; es una unión sentimental y emocional entre el sector patronal y la figura del gobernador del estado, Jesús Pablo Lemus Navarro, quien fuera presidente de dicha confederación. Esta relación se entrelaza con una genealogía de pensamiento conservador que tiene en Hugo Salinas Price —padre de Ricardo Salinas Pliego— a uno de sus exponentes más férreos. Cuando desde esa misma trinchera se utilizan tragedias tan sensibles como la de las fosas clandestinas para intentar ganar terreno político, el mensaje implícito para el gobernador es claro: ¡No me ayudes, comadre!
La reciente visita de Álvarez de Toledo no es un evento aislado; es parte de un ejercicio de demagogia política que busca posicionar liderazgos afines a una derecha internacional que no pretende conquistar tierras mediante la fe, sino recuperar sus privilegios a través del discurso. Lo sucedido en Bolivia, donde la nacionalización de los yacimientos de gas natural bajo el mandato de Evo Morales provocó una reacción desmedida y un posterior golpe de Estado, nos sirve como espejo para entender qué es lo que hoy intentan fraguar contra México. Cuando se tocan los intereses económicos de las élites, la embestida es total, utilizando la política como el nuevo campo de batalla.
Es necesario cuestionar la agenda de fondo de quienes promueven estas figuras. En este sentido, surge una pregunta obligada para el empresario Ricardo Salinas Pliego: ¿Por qué existe un interés tan marcado por beatificar a Hernán Cortés? ¿Acaso se busca convertirlo en el mártir de los genocidas de la historia? La promoción de estas posturas bajo el cobijo de instituciones que deberían fomentar el pensamiento crítico revela, en realidad, un intento por reescribir la historia para justificar una supuesta superioridad que legitime sus actuales intereses.
Esta derecha conspiratoria no descansa en su objetivo de regresar a sus antiguos aposentos y recuperar los beneficios que, durante décadas, fueron la norma en nuestro territorio. La estrategia es deliberada: se busca sembrar el caos para erosionar los derechos y privilegios que la ciudadanía ha recuperado recientemente, instrumentalizando tragedias como la de las fosas clandestinas para atacar la legitimidad del gobierno en turno.
Ante este panorama, el gobernador Jesús Pablo Lemus Navarro se encuentra frente a una herencia compleja y un escenario nacional donde el papel de instituciones como la Guardia Nacional debe ser, en efecto, más activo y estratégico. La seguridad no puede quedar sujeta al vaivén del discurso de quienes pretenden desestabilizar al país por conveniencia política.
La prudencia debe prevalecer. Debemos entender que estamos lidiando con intereses que operan desde la trata de personas, el tráfico de órganos y la consolidación de redes delictivas que nada tienen que ver con los supuestos valores que predican los críticos externos. Es momento de mantener la cordura, revisar cada aspecto legal con lupa y evitar caer en las provocaciones de una derecha que, al verse desplazada de sus privilegios, prefiere incendiar el discurso antes que permitir la estabilidad de una nación que ha decidido retomar el control de su propio destino.
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