
Por Jorge Eduardo García Pulido
Pablo Lemus tenía un proyecto limpio, con respaldo unánime del Congreso y un discurso decente: vivienda digna para policías. Doscientos departamentos en Mirador de San Isidro. Nada más. Nada menos.
Hasta que entraron Juan José Frangie y José Luis Tostado.
El alcalde de Zapopan, en vez de alinear al municipio con el gobierno del Estado, se subió al escenario de los vecinos, les dio la razón, habló de “mantos acuíferos”, de que el predio “no era un baldío” y, para rematar, ofreció terrenos municipales para permutar. Es decir: abrió la puerta a reubicar el proyecto. El coordinador de la bancada de MC, José Luis Tostado, no se quedó atrás. Respaldó a las diputadas que fueron a tomarse la foto con los colonos y a exigir estudios hidrológicos… aunque después se abstuvieran en la votación. La pantalla perfecta.
Resultado: amparo admitido, suspensión provisional y el proyecto del gobernador detenido en seco.
No es mediación. Es sabotaje interno.
Frangie y Tostado no están defendiendo a los vecinos. Están defendiendo su propia posición política. El primero no quiere cargar con el costo social en su municipio. El segundo no quiere que la bancada se vea como simple comparsa del Ejecutivo. Y entre los dos le dejaron a Lemus el mensaje más claro posible: “Tu proyecto no pasa por aquí si no nos conviene”.
Lo más grave no es el amparo. Lo más grave es que la oposición al proyecto más fuerte no vino de Morena ni del PAN. Vino de dentro de Movimiento Ciudadano. De dos operadores que debían empujar, no frenar.
Ahora el gobernador tiene dos opciones: insistir y pelearse con su alcalde y su coordinador, o ceder y aceptar que en Zapopan le marcan la cancha. Cualquiera de las dos lo debilita.
Frangie y Tostado no traicionaron al partido. Traicionaron la coherencia. Y le cobraron la factura a Lemus en público, con sonrisa de diálogo y discurso de “primero la sociedad”.
Eso no es lealtad. Eso es cálculo. Y en política, el cálculo que se hace a costa del jefe siempre se cobra después.
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