Ex diputado. Oscar Arturo Herrera.
Este es el segundo de una serie de tres artículos. En la primera entrega abordé la política como arena de lucha; hoy quiero reflexionar sobre lo que estamos perdiendo como seres humanos.
Generacionalmente, estamos perdiendo los valores que constituyen el cimiento de nuestra convivencia, tanto a nivel humano como social.
Perdemos la cortesía y la solidaridad. Hemos dejado de levantar la voz por el desvalido y por quienes carecen de defensa. Se extingue también esa búsqueda constante de la felicidad y la alegría sencilla de vivir en comunidad.
Incluso el romanticismo y la sensibilidad se diluyen; hoy a muchos les cuesta ser expresivos y pronunciar un “te quiero”, un “gracias” o un “perdón”. En su lugar, observamos una escasa tolerancia a la frustración y, lo que resulta más doloroso y peligroso, el surgimiento de nuevas sustancias nocivas que envenenan a nuestra niñez y juventud.
Quienes hemos incursionado en el servicio público tenemos una doble responsabilidad: generar las bases para edificar esa sociedad que anhelamos, respaldada por una cultura superior.
Lo comprendí hace muchos años. Ante la opción de buscar el lucro en la iniciativa privada, elegí la docencia como un apostolado y un compromiso inquebrantable con la formación académica y humana de las juventudes durante 42 años en mi querida Universidad de Guadalajara, vocación que volvería a elegir una y mil veces.
Asimismo, siento un profundo orgullo de haber sido legislador de nuestro estado y de lograr la aprobación de múltiples iniciativas de ley orientadas al beneficio, al bienestar y a la mejora de la calidad de vida de diversos sectores, abarcando a la niñez, la juventud, la seguridad pública, los usuarios del transporte, los comerciantes, las mujeres emprendedoras y los ámbitos educativo, religioso y empresarial.
Como servidor público puedo mirar de frente a las personas. Presidí la Comisión de Administración y Planeación del Honorable Congreso sin recibir una sola observación por parte de los auditores, caminando siempre con la frente en alto y la conciencia tranquila.
Por ello, lo afirmo con total autoridad moral: las autoridades deben implementar nuevos y mejores modelos culturales y tecnológicos para fortalecer la educación, tratar los residuos que nos ahogan y purificar el agua que llega a nuestros hogares.
Sin embargo, esta tarea no recae exclusivamente en el gobierno. Debemos involucrar a todos los sectores y grupos sociales para consolidar la sociedad que anhelamos: más sana, feliz, segura y limpia, cimentada en una verdadera Cultura de la Paz.
Porque yo también amo a Jalisco y, por esa misma razón, no me resigno.
En la tercera y última entrega presentaré propuestas concretas y verificables, basadas en modelos exitosos que ya funcionan en otros estados y países, con el fin de hacer realidad la sociedad que soñamos.
Muchas gracias.
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