Por Jorge Eduardo García
En Jalisco la corrupción ya no sólo se denuncia, también parece premiarse. Mientras la ciudadanía exige instituciones fuertes y verdaderamente independientes, los viejos grupos políticos continúan moviendo sus piezas para conservar el poder.
El botín y la complicidad siempre es repartido entre amigos, compadres y hasta parejas sentimentales.
La columna Cúpula de Mural exhibió un silencio que resulta difícil de explicar: el del Comité de Participación Social del Sistema Estatal Anticorrupción, justo cuando se menciona a su exintegrante, Pedro Vicente Viveros, como aspirante al nuevo organismo de transparencia que sustituirá al ITEI. Cuando quienes deben vigilar callan, la sospecha crece.
Detrás de ese nombre aparece nuevamente Enrique Ibarra Pedroza, uno de los operadores políticos más experimentados de Jalisco. Aunque dijo retirarse de la política, todo indica que sigue influyendo en las decisiones importantes. En la política local, muchos nunca se van; simplemente operan desde otra oficina.
Pedro Vicente Viveros fue señalado públicamente por presuntos actos de corrupción por el hoy fallecido exdiputado Luis Armando Córdova. Hasta ahora no existe una resolución judicial firme sobre esos señalamientos, pero la falta de resultados públicos por parte de la Fiscalía Anticorrupción sólo alimenta la percepción de impunidad.
Si además resultan ciertas las versiones sobre su cercanía con Enrique Ibarra y su eventual presencia en la nómina de El Colegio de Jalisco, la exigencia de transparencia debe ser absoluta.
Jalisco no necesita más padrinos políticos ni cuotas de poder. Necesita instituciones que sirvan a los ciudadanos, no a los intereses de quienes siguen creyendo que el servicio público es un patrimonio personal. El verdadero combate a la corrupción comienza cuando se acaba el reciclaje de este tipo de personajes.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que La Verdad Jalisco no se hace responsable de los mismos.




