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Heberto Castillo: El Edificador de la Conciencia y el Humanismo Mexicano

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Por: Jorge Eduardo García Pulido

La historia de México se construye con acero, concreto y, sobre todo, con una congruencia inquebrantable que desafía el paso del tiempo. Al cumplirse veintinueve años de la partida de Heberto Castillo Martínez, su figura emerge no solo como el científico brillante que desafió las leyes de la física con la creación de la tridilosa, sino como el constructor de un pensamiento social que hoy denominamos Humanismo Mexicano.

Castillo Martínez entendió antes que muchos que la soberanía de una nación no reside únicamente en sus fronteras, sino en el control ético y estratégico de sus recursos naturales. Durante décadas, su voz fue el faro que denunció la petrolización de la economía, advirtiendo que un país que entrega su energía, entrega su futuro. Esa misma convicción lo llevó a las crujías de Lecumberri tras el movimiento estudiantil de 1968, donde su libertad bajo protesta se convirtió en un manifiesto de resistencia civil que todavía resuena en las instituciones democráticas del país.

El legado de don Heberto trasciende la infraestructura física de los más de doscientos puentes y edificios que sostienen su sistema estructural. Su mayor obra fue la cimentación de una izquierda racional, nacionalista y profundamente ética. Su decisión de declinar la candidatura presidencial en 1988 en favor del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas permanece como el acto de generosidad política más significativo del siglo pasado, demostrando que para el verdadero estadista, el encargo social

Recordar a Heberto Castillo es reconocer que la transformación de México requiere de mentes científicas con corazón social. Su vida es el testimonio de que se puede ser un académico de siempre debe prevalecer sobre el cargo personal.

En la actualidad, el Humanismo Mexicano encuentra en Castillo sus bases más sólidas. La premisa de privilegiar el amor a los oprimidos sobre el odio a los opresores no es una frase hueca, sino el eje de una política que busca la justicia social a través del diálogo y la razón. Heberto nos enseñó que la técnica debe estar al servicio del pueblo y que la política, al igual que una estructura bien calculada, solo es funcional si es capaz de sostener el peso de las necesidades de los más desprotegidos.excelencia y, al mismo tiempo, un luchador social incansable. Hoy, su ejemplo nos invita a seguir proyectando un país donde la ingeniería de la administración pública sea tan eficiente y transparente como la tridilosa que revolucionó nuestra industria de la construcción.


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