Por Jorge Eduardo García
Lo que circula entre gente cercana a él, y que funcionarios de primer nivel del propio gobierno estatal han hecho llegar a esta columna con urgencia, es más preocupante que cualquier diferencia partidista. Hablan de una enfermedad gástrica seria, de una adicción al tabaco que no se oculta y de un estado físico y emocional que ya no le permite llevar el ritmo que el cargo exige. No asiste a las reuniones de la Junta de Coordinación Política. Con absoluto cinismo y falta de respeto, revienta las sesiones del Congreso para evitar el debate. Es una actitud antidemocrática de manual: si no se gana en el voto, se gana en la ausencia.
Piden que transparente su salud física y emocional antes de que siga complicándole la vida al gobernador. Porque un coordinador parlamentario que no llega a la JUCOPO, que revienta el pleno y que carga con problemas de salud no declarados no es un aliado operativo: es un lastre. Y está el arraigo. Tostado es sinaloense de origen, sin raíces profundas en Jalisco más allá del cargo y la cercanía con Lemus. Eso se nota cuando se trata de las necesidades sociales de la gente.
La consecuencia está a la vista. Hoy la sesión del Congreso que iba a tramitar la iniciativa del acueducto se cayó por falta de quórum. Toda la bancada de Movimiento Ciudadano se quedó fuera, Tostado incluido. La presidenta de la Mesa Directiva lo llamó por su nombre: falta de respeto. Él lo vende como “responsabilidad”, que no quiere entorpecer el diálogo entre la presidenta y el gobernador. Los de Morena le responden con otra lógica: las negociaciones de fondo no se van a dar en la Ciudad de México, serán aquí. Y la privatización del agua —bajo el esquema que se quiera disfrazar— no va a pasar. Ósea el coordinador naranja prefiere que el pleno no se entere, no participe, no debata; no quiere a Jalisco. Entorpece los acuerdos.
El tema del agua —el que tiene a media zona metropolitana con la llave cerrada y la paciencia peor— no le genera la misma urgencia que a quien sí tiene familia, vecinos y colonia con el tinaco vacío o el agua turbia. El Congreso no es un club privado ni una sala de espera. Es el lugar donde se discuten, se votan y se justifican las decisiones que afectan a la gente. Cuando el coordinador de la primera fuerza legislativa prefiere no presentarse, cuando los trascendidos sobre su salud ya llegan a funcionarios de primer nivel, y cuando el tema del agua se convierte en pretexto para no sesionar, el problema deja de ser personal y se vuelve institucional. Tostado debe transparentar su estado físico y emocional, o el gobernador va a seguir pagando el costo de un coordinador que no coordina. En Jalisco, el agua no espera. Ni el Congreso.
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