
Por Jorge Eduardo García Pulido
La ligereza con que el gobierno de Tlaquepaque realiza un trabajo corrupto evoca de inmediato las escenas más cínicas de las películas de Damián Alcázar. Sin embargo, no estamos hablando de San Pedro de los Saguaro, sino de San Pedro de Tlaquepaque, que desde hoy nombraremos Tlaquepaque de Hidalgo. Al parecer, ante la imposibilidad de una reelección, el grupo en el poder está listo para convertir el municipio en un botín jugoso a costa de lo que sea.
Bajo el principio de «primero los pobres», la administración local parece haber dado un giro perverso al concepto: a ellos también les quitan en lugar de apoyarles. Lo que debería ser la aplicación del humanismo mexicano se ha transformado en un esquema de extorsión contra quienes menos tienen, en este caso, los mototaxistas de colonias como San Martín y San Pedrito.
Exigir cobros que van de los 200 a los 500 pesos y obligar al uso de chalecos color guinda no es regulación, es un asalto institucionalizado. Mientras el gobierno estatal, a través de la Secretaría de Transporte, desconoce estas medidas y señala la ilegalidad de pedir dinero en efectivo en la vía pública, el ayuntamiento opera con una impunidad que insulta la inteligencia de los ciudadanos.
Es imperativo cuestionar la profundidad de este esquema. Insisto, señora presidente: ¿le comenta de esto a la presidente de México o es su cómplice y le da una tajada? Resulta difícil creer que una operación de este tamaño, que involucra a la policía municipal y funcionarios de alto nivel, ocurra sin el consentimiento o la participación de la cabeza de la administración. Tlaquepaque de Hidalgo merece respuestas, no más guiones de una comedia negra que se paga con el bolsillo de los trabajadores.
Jorge Eduardo García Pulido.
Los contenidos, expresiones u opiniones vertidos en este espacio son responsabilidad única de los autores, por lo que La Verdad Jalisco no se hace responsable de los mismos.




