
Por Alejandro Huerta
“Lo bueno cuesta”.
La frase no es nueva. Lo interesante es quién la dice y en qué contexto. Esta vez salió, con toda naturalidad, de boca del alcalde de Zapopan, Juan José Frangie Saade, frente a una periodista. Así, sin rubor y con la ligereza de quien pide otra ronda, respondió el alcalde emecista.
Porque al gobierno “buena ondita”, cuando no le llueve… le llovizna. La ciudadanía no termina de digerir un problema cuando ya le están sirviendo el siguiente: aumentos por aquí, tarifazo por allá, agua sucia en varias colonias —por no usar un adjetivo más preciso—, desencuentros para votar reformas… y de pilón, el patrocinio de la alcaldesa de Guadalajara, Verónica Delgadillo, a una “conferencia de la masculinidad” que nadie pidió y que, irónicamente, terminó exhibiendo más fragilidad política que fortaleza institucional.
Pero siempre se puede ir un paso más allá. Y esta semana, Juan José Frangie, decidió hacerlo.
Según el propio alcalde, el asunto de la vivienda se resume fácil: oferta y demanda. Nada de intervenir, nada de regular. El mercado sabrá. (Ojalá esa misma convicción aplicara para todos los sectores; hay quienes juran que en el restaurantero la mano sí aparece… y no precisamente invisible).
Y claro, quien tenga para pagar los precios de Zapopan, bienvenido al círculo. Quien no… pues que admire desde afuera. Total, también es gratis mirar.
Pero si el fondo preocupa, la forma tampoco ayuda. Una entrevista atendida con desdén, comentarios como “preguntas con jiribilla”, “ya párale, mijita”, o el clásico “es puro golpeteo”, terminan por redondear el cuadro.
Hay quienes aseguran que el momento era… digamos, poco sobrio. Pero incluso concediendo el beneficio de la duda, el mensaje no necesita traducción: el mercado manda, el gobierno observa y el ciudadano… se adapta o se queda fuera.
Así de simple. Así de elegante. Así de cómodo.
Y entonces la frase queda flotando: “lo bueno cuesta”.
Y sí, puede que tenga razón. El problema es que este gobierno no solo lo ha querido vender como muy bueno, sino que lo está cobrando como si fuera de lujo.
Porque en la visión oficial, el acceso a la vivienda en Zapopan no es un problema público: es un filtro social. Si puedes pagar, perteneces. Si no, siempre quedará la satisfacción de vivir cerca… aunque sea en espíritu.
Al final, la frase sobrevive: “lo bueno cuesta”. Y quizá ahí esté el mayor acierto involuntario de esta administración: hacernos creer que todo lo caro es bueno… incluso cuando la realidad insiste en lo contrario.
Porque si este gobierno es el “bueno”, entonces no solo está caro: está sobrevalorado.
Y la duda ya no es cuánto cuesta lo bueno… sino cómo se vería lo malo.
P.D. El presidente municipal ofreció disculpas a través de redes sociales. Tarde, pero dentro del manual.
Para “La Verdad Jalisco” por Alejandro Huerta.
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