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El despertar de Alberto Uribe en Guadalajara: la ingeniería territorial que sacude la carrera interna de Morena

Por la Redacción

Guadalajara, Jalisco — En el tablero político de la capital jalisciense, donde la designación de la Coordinación Municipal de los Comités de Defensa de la Transformación perfilará de facto la candidatura a la alcaldía para 2027, el escenario interno de Morena ha dejado de ser un monólogo. La presentación del balance operativo El Camino de México: Equipo Alberto Uribe en Guadalajara marcó el regreso estratégico de Alberto Uribe Camacho al primer plano del debate metropolitano, respaldado por una estructura de base que desafía tanto las inercias tradicionales del partido como las nuevas irrupciones ciudadanas.

​Lejos de los reflectores mediáticos y tras su paso por el gobierno federal en la Secretaría de Economía, el expresidente municipal de Tlajomulco activó un trabajo sistemático en la capital del estado durante los últimos doce meses. Con una brigada permanente de 30 personas en territorio y el respaldo de la plataforma nacional de Marcelo Ebrard, su equipo documentó una penetración barrial de proporciones considerables. El balance acredita 138,550 casas visitadas mediante recorridos puerta por puerta, 23,051 simpatizantes registrados con georreferenciación y 12,275 nuevas afiliaciones formalizadas ante Morena. Esta labor consolidó presencia en 710 de las 985 secciones electorales del municipio, alcanzando un 72.1% de cobertura global y logrando el triunfo en 354 cargos en asambleas internas, lo que se traduce en 186 presidencias y 168 secretarías seccionales bajo su liderazgo.

​Este despliegue entra en colisión directa con los otros dos perfiles que aspiran a coordinar la capital. Por un lado figura el senador Carlos Lomelí Bolaños, quien formalizó su registro amparado en dos décadas de campañas continuas que le otorgan un amplio conocimiento de marca y una influencia dominante sobre el Consejo Político Estatal de Morena, aunque arrastrando el desgaste de derrotas previas frente a Movimiento Ciudadano y un techo rígido de opiniones negativas. Por otro lado se encuentra José de Jesús Salazar Zazueta, abogado y empresario lechero registrado a principios de octubre, quien ha ganado visibilidad ciudadana desde la Fundación Somos Manos Tapatías al distribuir más de 4.6 millones de litros de agua en pipas gratuitas en 80 colonias vulnerables y encabezar litigios como el amparo colectivo contra la obligatoriedad de la tarjeta de transporte, si bien carece de estructura orgánica dentro del padrón seccional del partido.

​Frente a Carlos Lomelí, la principal área de oportunidad de Uribe radica en su menor índice de negativos y en un perfil técnico orientado a la gestión pública. Uribe no carga con el desgaste acumulado de disputas ejecutivas perdidas en Guadalajara ni con controversias empresariales en el sector público, presentándose con credenciales como doctorante en Administración Pública, maestro en Derecho Constitucional por la UNAM y exalcalde con reconocimientos de gestión urbana. Esta solvencia técnica le permite disputar el voto de sectores medios y profesionistas que desconfían del perfil de Lomelí, complementando su narrativa con una red seccional propia que no depende de acuerdos cupulares ni de visibilidad mediática pasiva.

​Frente a Jesús Salazar, la ventaja sustancial de Uribe radica en su músculo partidista y en una visión integral de gobierno. Mientras Salazar basa su fuerza en un activismo social valioso pero externo a la militancia, Uribe posee el control operativo de 354 carteras en comités seccionales tapatíos y miles de afiliados formalizados, garantizando certeza en los mecanismos estatutarios del partido. Asimismo, a diferencia de la agenda monotemática y asistencial de Salazar centrada en el agua y el transporte, Uribe ostenta experiencia en la conducción de presupuestos, cuerpos de seguridad y servicios municipales metropolitanos.

​El dinamismo de Alberto Uribe en Guadalajara altera la lógica de la contienda interna de Morena. Si la dirigencia nacional se guía únicamente por el conocimiento inercial de nombre, Carlos Lomelí mantendrá una ventaja de arranque; si se busca un perfil ciudadano no desgastado por la política convencional, Jesús Salazar se posiciona como una opción emergente. Sin embargo, si la balanza interna pondera la capacidad técnica, la baja tasa de negativos y una maquinaria seccional verificada capaz de competirle palmo a palmo a Movimiento Ciudadano en las 985 secciones de la ciudad, la reaparición de Uribe Camacho coloca sobre la mesa el argumento organizativo más sólido de la baraja morenistarumbo a 2027. 


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