Por Jorge Eduardo García Pulido
Al llegar a su segundo informe de gobierno, la presidente municipal Verónica Delgadillo sigue demostrando que su prioridad es la fotografía y el embellecimiento superficial, dejando a un lado la verdadera política social y de infraestructura que Guadalajara exige. Lejos de asumir su papel de gobernante, la administración se ha caracterizado por un ejercicio lisonjero donde se malusa el dinero público para enmascarar los problemas de fondo.
El ejemplo más alarmante de esta frivolidad institucional y falta de escrúpulos ocurrió con la intervención en la Plaza de la Liberación y la reciente realización del Fan Fest mundialista. Con un costo estimado de cientos de millones de pesos, la obra se vendió como una gran renovación urbana. Sin embargo, como ya se ha denunciado en el ámbito legislativo, se trató de un gasto desproporcionado que se limitó a una modificación estrictamente cosmetológica: quitar árboles y colocar losetas nuevas, sin presentar un avalúo técnico que justificara la millonaria inversión.
Lo que la presidente ocultó detrás de este maquillaje fue una completa irresponsabilidad que jugó con la vida de las personas. Durante el evento, las estructuras subterráneas de la plaza, específicamente el área del estacionamiento, continuaban apuntaladas, evidenciando una debilidad estructural que debió resolverse desde la raíz con una intervención profunda, o incluso una demolición y reconstrucción. Haber permitido que el Fan Fest operara ahí, concentrando a miles de asistentes sobre una estructura comprometida, levanta serias sospechas de que cualquier dictamen de Protección Civil pudo haber sido manipulado a conveniencia. Embellecer la superficie sin arreglar los cimientos para un espectáculo masivo no es un simple error de planeación; expone un gobierno negligente. En pocas palabras: es Verónica negligente.
Esta misma negligencia y falta de conciencia no solo ocurre en las plazas, sino bajo el suelo que pisamos. El reciente y enorme socavón de 15 metros de largo y casi tres de profundidad que obligó a cerrar la avenida Enrique Díaz de León en Jardines del Country no es un hecho aislado; se suma al ocurrido el año pasado cerca del Distrito 9 en la avenida Malecón, y refleja el colapso de colectores pluviales antiguos. Estos hundimientos demuestran que no se interviene la ciudad de manera responsable. A la administración actual solo le interesa autorizar el uso de suelo, sin importar la capacidad del subsuelo, para destinar el espacio a la creación de nuevos desarrollos y beneficiar a sus amigos que hacen construcciones verticales. La ciudad cada vez colapsa más, funciona menos y el gobierno solo evidencia su opacidad.
La interrogante ciudadana es clara: ¿en qué momento la presidente se pondrá realmente a gobernar y dejará de tomarse la fotografía? ¿Cuándo ocupará su puesto de manera responsable y limpiará su primer círculo? Es imperativo que remueva al espurio de Mario Silva Rodríguez —el fifí que era chairo—. Cabe aclarar que él no es el Jefe de Gabinete, cargo que formalmente ocupa Bernardo Fernández, sino que se le inventó la posición de Jefe de la Oficina Ejecutiva de Presidencia. Una posición espuria señalada de existir únicamente para garantizar la inversión que los empresarios «regios» inyectaron en la campaña de Verónica, asegurando así el reparto de los dividendos que les corresponden.
Resulta una burla que la administración llegue a su segundo año sugiriendo una posible reelección. No se puede aspirar a la continuidad política cuando Guadalajara se encuentra hundida en un bache, literal y metafóricamente, sostenida únicamente por puntales viejos, losetas nuevas y una profunda negligencia gubernamental.
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