La administración encabezada por Gerardo Quirino Velázquez en Tlajomulco de Zúñiga se encuentra sumergida en una crisis que evidencia algo más grave que un simple fallo técnico: una negligencia administrativa de proporciones alarmantes. El reciente colapso de los sistemas informáticos municipales, provocado por la ausencia de protocolos de entrega-recepción de las claves maestras tras el fallecimiento de un funcionario, pone al descubierto la fragilidad de un gobierno que confió la seguridad de los datos de miles de ciudadanos a la memoria de una sola persona.
Resulta inadmisible que un ayuntamiento con las dimensiones y la importancia económica de Tlajomulco carezca de manuales de contingencia para la gestión de activos digitales. La vulnerabilidad de las contraseñas no es el problema de fondo, sino el síntoma de una estructura burocrática que no ha sabido transitar hacia una gobernanza digital responsable. Al quedar fuera de combate los servicios en el Centro Administrativo Tlajomulco, no solo se detuvo la recaudación; se comprometió la operatividad básica, dejando a la ciudadanía en la indefensión y exponiendo una improvisación que ahora pasa factura.
Esta debacle informática merma seriamente el desempeño del presidente municipal y ensombrece cualquier aspiración de reelección, la cual carece de fundamento sólido en el escenario actual. Es evidente que los intereses del Gobierno del Estado se han desplazado prioritariamente hacia Guadalajara y Zapopan, dejando a Tlajomulco en una posición de vulnerabilidad política. El descuido de este municipio sugiere una intención de esfumar el recuerdo de la gestión de Enrique Alfaro en lo que fue su principal bastión electoral. Al debilitar la eficiencia administrativa de Tlajomulco, se termina por dinamitar el símbolo del origen del movimiento.
Para agravar la situación, la salida de Ernesto Meza Tejeda de la estructura operativa termina por dejar a Quirino en una absoluta orfandad. Meza Tejeda, hombre de todas las confianzas del gobernador y pieza clave en la ejecución de proyectos estratégicos, representaba el vínculo técnico y político con Casa Jalisco. Sin este pilar y sin el respaldo de la cúpula, Gerardo Quirino se ve solo para enfrentar un naufragio que parece ser visto con indiferencia desde el centro del estado. Al quedarse sin el control de sus propios sistemas y sin interlocutores de peso, el alcalde de Tlajomulco navega un proyecto que ha dejado de ser prioridad para convertirse en el cierre de un ciclo que el sistema parece estar listo para borrar.
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