
Capitán Hernández Luna
Estimados lectores:
Hoy, ante los acontecimientos que estamos viviendo en el estado de Jalisco —icono de la representación de México ante el mundo—, se produce un hecho relevante en materia de seguridad: el abatimiento de un personaje que marca la historia de este noble estado. Recientemente, hice la observación sobre la importancia de emitir un voto razonado para las elecciones intermedias venideras; hoy vuelvo a insistir en que este debe ser completamente reflexivo.
Apenas el 19 de febrero se festejaba a los miembros del Ejército Mexicano, símbolo inequívoco y garante de la soberanía nacional. Solo tres días después, muchas familias se han visto envueltas en el luto por perder a un ser querido: padres, esposos, hijas o nietas que ofrendaron su vida por la seguridad y la paz de los ciudadanos.
Vaya nuestro reconocimiento a todos esos héroes y nuestro abrazo más sincero a las familias que sufren esta pérdida. Deben sentir el orgullo de que sus familiares honraron nuestro Himno Nacional en esa estrofa tan especial: “Un soldado en cada hijo te dio”. Como hijos de la patria y miembros del glorioso Ejército Mexicano, dieron su vida sin importar nada más que defender los intereses y el bienestar del pueblo del cual emanan.
Es por ello que reitero el llamado a un voto consciente, para evitar que más gente inocente caiga debido a las malas decisiones tomadas por las administraciones respectivas. Asimismo, pido al pueblo de México que no se haga escarnio de las fuerzas armadas; que no se les llame corruptas ni se juzgue a la ligera su actuar cuando entregan la vida en las labores encomendadas por el mando supremo.
Me pregunto:
¿Quién de los políticos actuales se asomó en este trágico día para emitir alguna opinión?
¿Quién se ha tomado la molestia de reconocer el valor de esos hombres y mujeres caídos en el cumplimiento de su deber?
Hoy parece olvidarse que es gracias a esos elementos comprometidos que aún vive el sueño de recuperar la paz del México de antaño. Ese México de nuestros padres y abuelos, donde la hermandad era cotidiana, los valores estaban a flor de piel y existía un profundo respeto por los semejantes.
Conciudadanos, México nos necesita con una mente más abierta y con ideales más comprometidos donde reine la autenticidad patriótica. En realidad, estamos buscando un México renovado: uno de paz, tranquilidad y justicia.
Eso digo yo, ¿usted qué opina?
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