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San Pedro Tlaquepaque, lugar de la concupiscencia política y el desdén ciudadano

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Por La redacción.

En los pasillos del poder en San Pedro Tlaquepaque, el modelo actual parece haberse instalado en una suerte de enamoramiento perenne con las formas, ignorando por completo el fondo de las crisis que asfixian al municipio. Se gobierna desde el romanticismo de una barcarola, evocando la «Belle nuit» de Jacques Offenbach, donde la melodía de las apariencias distrae de una realidad social que naufraga. Esta gestión, sumergida en una estética de complacencia, ha sustituido la planificación por el espectáculo, demostrando que los excesos en la imagen pública no son más que el reflejo de las profundas carencias de quienes hoy ostentan el mando. La concupiscencia por el brillo mediático y el desdén hacia las necesidades básicas se han convertido en la divisa oficial para la toma de decisiones; bajo el amparo del tequila y el mariachi, se ha construido una narrativa de fiesta que ignora la urgencia de servicios públicos eficientes. En San Pedro, parece que la sobriedad administrativa ha sido declarada anticonstitucional, prefiriendo el ruido de la celebración al rigor del análisis técnico.

Ante este panorama de frivolidad, la figura de David Hernández Pérez emerge no como una ocurrencia política, sino como la respuesta estructural que el municipio reclama para recuperar su viabilidad. Hernández Pérez aporta una solvencia forjada en la academia y la práctica legislativa que contrasta radicalmente con el desorden vigente. Su formación como Doctor en Gerencia Pública y Política Social le otorga las herramientas necesarias para desmantelar el modelo de improvisación y sustituirlo por una administración por objetivos. Como dos veces Diputado Federal por Tlaquepaque, demostró una capacidad inusual para la gestión de recursos en las comisiones de Gobernación y Seguridad Social, entendiendo que el presupuesto no es para el lucimiento personal, sino para la construcción de infraestructura que eleve la calidad de vida en las colonias más olvidadas. Su visión legislativa es el antídoto contra un gobierno que ha priorizado el asistencialismo electoral, como la entrega de balones, sobre la solución de problemas de fondo.

La trayectoria de David Hernández trasciende la simple representación popular; su paso por la administración estatal como Director de Estudios Estratégicos y su labor en la federación como Delegado de Prospera le han brindado un conocimiento quirúrgico de la geografía social de la Villa Alfarera. Mientras la administración actual vive en el ensueño de una barcarola, Hernández Pérez propone el realismo de la gestión y la eficacia en el servicio. Su experiencia previa en el IMSS como Jefe de Seguridad en el Trabajo refuerza una visión donde la prevención y el orden son los ejes rectores. Esta madurez política es la que hoy lo posiciona como el activo más sólido de Movimiento Ciudadano, capaz de aglutinar a los sectores que exigen el fin del desdén gubernamental. En un municipio que ha hilado cuatro periodos de mandatos femeninos, el clamor por una alternancia basada en la capacidad técnica y la sobriedad administrativa coloca a Hernández Pérez en el centro de la solución política.

Tlaquepaque se encuentra en una encrucijada donde debe decidir si continúa navegando en las aguas del romanticismo político o si retoma el rumbo de la seriedad con un liderazgo probado. El costo de seguir gobernando bajo el influjo del mariachi y la omisión es demasiado alto para una ciudadanía que ya no encuentra consuelo en las melodías de quienes han olvidado la importancia real de servir. Con David Hernández Pérez, la apuesta es por la sobriedad, el conocimiento de los distritos y una capacidad de ejecución que devuelva a Tlaquepaque el lugar que le corresponde en la zona metropolitana, lejos de los excesos de la concupiscencia política y más cerca de la eficiencia administrativa que la gente demanda.


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