
Por Jorge Eduardo García Pulido
Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz, afirmó con sabiduría que «la paz no es solamente la ausencia de la guerra; mientras haya pobreza, racismo, discriminación y exclusión, difícilmente podremos alcanzar un mundo de paz». Esta alegoría sobre la empatía social debe ser hoy la piedra angular para entender la gobernabilidad en nuestro estado: la verdadera estabilidad no se impone por decreto, sino que se construye protegiendo la dignidad económica de las familias.
Jalisco inicia una semana de incertidumbre. La organización ciudadana y estudiantil durante el fin de semana ha dejado claro que el rechazo a la negativa del referéndum sigue vivo. Ante el riesgo latente de un «lunes de caos» con posibles bloqueos en Mi Tren o Macrobús, la postura del Ejecutivo se ha centrado en defender la tarifa como un asunto técnico. Sin embargo, la técnica sin sensibilidad social se convierte en una barrera infranqueable entre el gobierno y la gente.
Es en este punto donde debemos redefinir qué significa verdaderamente gobernar al «Estilo Jalisco». No se trata solo de firmeza política, sino de inteligencia económica aplicada al bienestar común. Mientras actores políticos como los diputados de Futuro y PT generan ruido mediático desde la inconformidad, voces como la de Juan Huerta, líder de la CTM, han puesto sobre la mesa una propuesta técnica y honesta que merece ser escuchada: una tarifa de 13 pesos, sustentada en estudios serios.
La propuesta de Huerta y el sector obrero nos ofrece una hoja de ruta para evitar el conflicto. La clave está en comprender que los ajustes no pueden hacerse «de golpe». Golpear la economía del usuario de un día para otro es una receta para la inestabilidad. La verdadera política de movilidad al «Estilo Jalisco» debería basarse en la gradualidad: que cualquier actualización tarifaria vaya estrictamente ligada al aumento del salario mínimo y a los índices de inflación.
El Gobernador Pablo Lemus tiene ante sí la oportunidad de diferenciarse. Más allá del empuje político de la oposición, existe una petición sensata que busca el equilibrio. Ser empático con los ciudadanos que no son privilegiados significa aceptar que el transporte no es un lujo, sino una necesidad básica. Adoptar este modelo de ajustes progresivos y justos, en lugar de imposiciones abruptas, sería la muestra más clara de que en Jalisco se gobierna con la razón y con el corazón puesto en la realidad de sus trabajadores.
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