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Omar García Harfuch: la política como herencia y deuda histórica


Jorge Eduardo García Pulido

Las encuestas de SRC colocan a Omar García Harfuch como el principal aspirante rumbo a la presidencia de México en 2030. Su liderazgo en las preferencias no solo responde a su trayectoria en seguridad, sino a una narrativa que lo vincula con una genealogía política marcada por decisiones cruciales en la historia nacional. La política, en su caso, corre por las venas desde la cuna.

 

El presente: encuestas y respaldo ciudadano

 

· SRC reporta que García Harfuch concentra cerca del 29% de apoyo dentro del bloque oficialista, superando a figuras como Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard.

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· Sin embargo, no será candidato por ahora: el camino hacia 2030 es largo y las definiciones políticas aún están por escribirse.

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· Las preferencias actuales reflejan sobre todo la confianza ciudadana en la seguridad obtenida durante su gestión, más que una candidatura formal.

 

El pasado: la decisión que cambió el rumbo

 

Durante el sexenio de José López Portillo, México enfrentaba un dilema de sucesión presidencial en medio de crisis económica y política:

 

· Javier García Paniagua, padre de Omar, representaba la opción de origen político, con arraigo en las estructuras tradicionales del PRI y un discurso de justicia social.

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· Miguel de la Madrid, en cambio, encarnaba la decisión de tipo económico, en un país que acababa de expropiar la banca en 1982, buscando estabilizar las finanzas y abrir paso a la tecnocracia.

· La balanza se inclinó hacia De la Madrid, inaugurando una era de tecnócratas que marcaría el rumbo de México durante las siguientes décadas, desplazando a liderazgos políticos tradicionales.

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️La deuda histórica y la reconexión política

 

La narrativa que hoy acompaña a García Harfuch se interpreta como un intento de sanar aquella deuda histórica y reconectar con una tradición política distinta:

 

· Reivindicar la figura de Javier García Paniagua, cuyo camino presidencial quedó truncado.

· Reconectar con la política lineal y ortodoxa, aquella que procuraba la justicia social unánime, basada en consensos y en la idea de que el Estado debía ser garante del bienestar colectivo.

 

· Ofrecer un liderazgo que combine orden, justicia social y memoria histórica, en contraste con la lógica económica que dominó desde los años ochenta.

 

El ascenso de García Harfuch abre un debate sobre el peso de las dinastías políticas en México. Su caso muestra cómo la genealogía puede convertirse en recurso simbólico para legitimar proyectos de futuro. Sin embargo, también plantea preguntas sobre la capacidad del país para reconciliarse con su pasado y transformar la herencia en justicia social.

 

México no solo votará por un candidato en 2030, sino por la memoria de lo que pudo haber sido. La elección de Omar García Harfuch se presenta como un acto de justicia simbólica: la posibilidad de reconectar con aquella política lineal y ortodoxa que procuraba la justicia social unánime, desplazada por la tecnocracia. El país decidirá si esta vez la sucesión se define por la economía, por la política… o por la historia.

 


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