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Mundial 2026: que ruede el balón… y no las patrullas

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Por Amaury Sánchez G.

Dicen que el fútbol es una fiesta.

Y toda fiesta necesita tres cosas: invitados, música… y que no se vaya la luz.

Zapopan se alista para recibir al planeta en el flamante Estadio Akron durante la Copa Mundial de la FIFA 2026. Una vitrina internacional que ni mandada a hacer: cámaras globales, turistas con cartera abierta, patrocinadores sonrientes y funcionarios listos para la foto.

 

Hasta ahí, todo bien.

El detalle es que mientras se infla el balón, también se inflan las cejas diplomáticas.

La captura de Nemesio Oseguera Cervantes movió el tablero. Y cuando se mueve el tablero, las piezas no siempre caminan en línea recta. Algunas corren.

 

En cosa de días:

Cuatro jugadoras extranjeras del equipo Charros dijeron “gracias, muy amables”.

World Aquatics decidió que la Copa Mundial de Clavados mejor se quedaba sin chapuzón en Zapopan.

 

Se canceló la firma de autógrafos de Xavi Hernández.

Y algunos veteranos del FC Barcelona y del Real Madrid comenzaron a revisar el mapa con lupa.

 

Pero calma: oficialmente no fue cancelación… fue “diferimiento”. Una palabra que en política significa lo mismo que “ahorita”: puede ser en cinco minutos o en cinco años.

Se dijo que el equipo chino no alcanzaba a llegar.

 

Curioso. Con lo que tardan los vuelos intercontinentales, uno pensaría que siete días bastan. Pero quizá el avión venía a pedal.

 

Lo interesante no es la anécdota aérea. Lo interesante es la palabra “consulta”.

World Aquatics informó que antes de cancelar realizó consultas con autoridades mexicanas. Eso en lenguaje diplomático significa: “¿Nos pueden garantizar seguridad absoluta?”.

 

Y si después de preguntar decidieron no venir, la conclusión es sencilla: la garantía no sonó lo suficientemente convincente.

 

Aquí no estamos hablando de que Zapopan sea zona de guerra. No exageremos.

Pero en el mundo de los megaeventos la seguridad no se mide en optimismo, sino en probabilidades actuariales.

 

La FIFA no es sentimental. Es contractual. Y cuando algo huele a riesgo, aunque sea leve, activa protocolos silenciosos. No para cancelar mañana, pero sí para prever pasado mañana.

 

Mientras tanto, el titular federal del deporte ofrecía sedes alternas como quien cambia de restaurante: “Si no quieren Jalisco, tenemos Ciudad de México, Veracruz o Yucatán”. Lo que faltó fue sugerirles playa y coctel de bienvenida.

 

Uno se pregunta: ¿no sería más contundente decir “Jalisco está blindado” en lugar de “si quieren nos movemos”?

 

Porque el problema aquí no es sólo la seguridad real. Es la percepción internacional.

En el ajedrez criminal, a ninguna organización le conviene sabotear un Mundial. Sería invitar a una vigilancia que ni en sus peores pesadillas. Pero los reacomodos internos, las células sueltas y los impulsos mal calculados pueden generar episodios incómodos.

 

Y el Mundial no tolera incomodidades.

Lo más probable es que todo se estabilice. México tiene experiencia en organizar eventos grandes. Habrá despliegue federal, coordinación binacional y blindaje tipo cápsula. El balón rodará y los turistas comprarán camisetas.

 

Pero el margen de error es microscópico.

Porque cuando el mundo pone los reflectores, no sólo ilumina el césped. También ilumina las costuras.

 

Y en política, como en el fútbol, hay algo peor que perder un partido: perder la confianza del público.

 

Zapopan quiere ser anfitrión del planeta.

 

Perfecto.

Ahora sólo falta que el planeta quiera venir sin revisar la póliza de seguro tres veces.

Que ruede el balón, sí.

 

Pero que las patrullas no tengan que correr más rápido que los delanteros.


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