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MORENA: ¿El ‘Nuevo’ PRI o el regreso del ‘Viejo’ PRI? Un análisis comparativo


Por: Jorge Eduardo García Pulido.

Decía Mark Twain que la historia no se repite, pero rima. Al observar la hegemonía actual de MORENA, es imposible no escuchar los ecos del siglo XX mexicano. Para entender el presente político de México, es imperativo realizar una autopsia del poder y comparar el ADN del partido guinda con las distintas pieles que habitó el «Dinosaurio» tricolor.

La narrativa oficial nos dice que la «Cuarta Transformación» (4T) es un cambio de régimen equiparable a la Independencia, la Reforma y la Revolución. Sin embargo, al contrastar los hechos, la 4T no parece un salto hacia un futuro inédito, sino un viaje de retorno. El verdadero significado de la 4T podría no ser una revolución, sino una restauración: el intento de «resetear» a México al modelo previo a los tecnócratas, borrando 30 años de neoliberalismo para revivir el viejo sueño del Nacionalismo Revolucionario.

Del PNR al PRM: La construcción del monolito y el «Pueblo»

El PNR de Plutarco Elías Calles nació para pasar «de los caudillos a las instituciones», centralizando el mando. MORENA, curiosamente, operó a la inversa: nació para institucionalizar a un caudillo.

Pero el verdadero espejo es el PRM de Lázaro Cárdenas. La 4T se reivindica cardenista por excelencia. ¿Su similitud? El corporativismo. Cárdenas organizó a las masas en sectores (obrero, campesino); la 4T lo hace mediante un censo directo de beneficiarios («Servidores de la Nación»). El significado profundo aquí es la visión del Estado como el «Gran Padre», el único ente capaz de otorgar bienestar, generando una lealtad política inquebrantable a cambio de protección social.

El «Alemanismo»: El progreso de concreto

Con Miguel Alemán, el PRI se volvió «civil» y apostó por el concreto. Aunque la 4T critica el «aspiracionismo» y la corrupción de aquella época, comparte una obsesión genética del priismo clásico: la obra pública faraónica como símbolo de potencia viril del Estado.

El Tren Maya o Dos Bocas no responden a lógicas de mercado (como haría un tecnócrata), sino a lógicas de Soberanía y Legado, idénticas a la visión de mediados de siglo: el Estado debe construir, administrar y poseer los grandes motores del desarrollo, cueste lo que cueste.

El Espejo Más Fiel: Echeverría y López Portillo (La esencia de la 4T)

Es aquí, en los años 70, donde desciframos el verdadero código fuente de la 4T. El PRI de Luis Echeverría y José López Portillo se basó en el «Nacionalismo Revolucionario».

La 4T es la reencarnación de esta ideología:

1. Economía Estatista: La creencia de que el Estado debe recuperar la «rectoría» de áreas estratégicas (energía, litio, minería), desplazando a la inversión privada.

2. Retórica de Conflicto: El discurso de Echeverría («Arriba y Adelante») dividía al país entre nacionalistas y emisarios del pasado; la 4T lo divide entre el pueblo y los conservadores/fifís.

3. Presidencia Imperial: El desprecio por los contrapesos. Para el viejo PRI y para la 4T, la división de poderes es un estorbo técnico que frena la «voluntad del pueblo» encarnada en el Presidente.

La Ruptura y el Enemigo: Salinas y Zedillo

Para entender qué es la 4T, hay que entender qué odia. Su enemigo es el PRI Tecnócrata (Salinas, Zedillo). Ese periodo introdujo el libre mercado, los organismos autónomos (IFE, Banxico) y la «sana distancia».

La 4T se define por desmantelar esa estructura tecnócrata. Su objetivo es demostrar que esos 36 años fueron un «paréntesis oscuro» en la historia de México. Sin embargo, la ironía es brutal: para ganar, MORENA utiliza la ingeniería electoral perfectaque diseñó Salinas con el programa «Solidaridad». Cambiaron el nombre a «Bienestar», pero la maquinaria de operación territorial es idéntica: presupuesto convertido en votos.

El Ocaso del «Nuevo PRI» y la lección para Jalisco

El «Nuevo PRI» de Peña Nieto intentó vender una modernización mediática sin ética, colapsando por su propia frivolidad. MORENA llenó ese vacío no con propuestas nuevas, sino con moralina antigua.

Para Jalisco, un estado que históricamente defiende el federalismo y la colaboración con la empresa privada, el modelo de la 4T representa un choque cultural. La 4T es centralista por diseño (como el viejo PRI), concentrando las decisiones y el presupuesto en Palacio Nacional, lo cual choca con el ADN político de occidente.

Conclusión: La Cuarta Etapa del Partido Hegemónico

Comparar a MORENA con el PRI no es un ataque, es una taxonomía necesaria.

Si analizamos la evolución política de México:

1. Nació el PNR (Fundación).

2. Evolucionó al PRM (Masas).

3. Se consolidó en el PRI (Institución).

4. ¿Es MORENA la «Cuarta Transformación», o es simplemente la cuarta etapa de vida del sistema de partido hegemónico?

Para cerrar este análisis, debemos observar la evolución orgánica de MORENA. Nació en las plazas como un movimiento legítimo, una ola de indignación social; pero la realidad del poder lo obligó a cristalizarse en un partido político vertical. Y es en esa transición donde la historia nos alcanza: al institucionalizarse, MORENA no buscó modelos extranjeros, sino que replicó por instinto la ideología social del PRI clásico.

Adoptar la bandera de «primero los pobres» y la rectoría del Estado no es una coincidencia, es la prueba de que el partido guinda abreva de la misma fuente histórica. Esto nos lleva a una reflexión final incómoda pero necesaria: el «priísmo» nunca fue solo una marca electoral o un logotipo tricolor; es una filosofía de vida en la política mexicana.

Es una forma cultural de entender el mando, basada en el presidencialismo fuerte, el control territorial y la simbiosis entre el líder y el pueblo. MORENA no destruyó al sistema anterior; simplemente confirmó que esa filosofía política sigue vigente y goza de cabal salud. El partido ha cambiado de nombre y de color, pero la liturgia del poder, esa esencia política que gobernó el siglo XX, ha encontrado en la 4T su nuevo y más fiel santuario.


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