
Por: Capitán Issac Hernández Luna.
Estimados lectores de La Verdad Jalisco: en este espacio, nuestra brújula siempre será la búsqueda incansable de la verdad.
Antes de profundizar, es imperativo fijar mi postura: me defino como un ciudadano apartidista pero profundamente institucional. Mi pluma no recibe financiamiento de ninguna facción política, ni se mueve por intereses de grupo; mi compromiso es describir la realidad tal cual se presenta ante mis ojos.
Desde la agrupación que presido —un frente donde convergen militares, profesionistas y el sector empresarial— trabajamos con una preocupación genuina por las políticas públicas actuales. Nuestra labor consiste en aportar estudios y proyectos técnicos que busquen, por encima de todo, el beneficio de la sociedad civil.
El Valor Inquebrantable del Instituto Armado. Hoy en día, el Instituto Armado —al cual me honro en pertenecer— enfrenta tiempos de severo cuestionamiento. Sin embargo, puedo asegurar con firmeza que, a pesar de las narrativas adversas, sigue siendo la institución con mayor índice de confianza ciudadana. ¿La razón? En su esencia laten con fuerza tres pilares inamovibles: honor, valor y patriotismo.
La lealtad de quienes vestimos los uniformes verde, azul y blanco no es un discurso, sino una realidad cotidiana. Somos los garantes de la soberanía nacional y, en esa misión, cada soldado expone su integridad y su vida en favor del pueblo mexicano.
Dignidad Ciudadana frente a la Crisis. México atraviesa un momento crítico que nos exige unidad, pero sobre todo, una conciencia aguda sobre las crisis que nos golpean en salud, seguridad y educación.
Hago un llamado a la reflexión: no vendamos nuestra dignidad por unas monedas. A veces el espejismo de recibir unos cuantos pesos nos impide ver cómo, por otro lado, se nos arrebatan oportunidades y recursos que valen millones. México es una nación única y su gente merece mucho más que migajas.
La polarización que hoy vivimos es una etapa pasajera. Estamos comenzando a vislumbrar un futuro de mayor prosperidad y hermandad, sanando las heridas causadas por la intriga de malos políticos cuyo único éxito fue dividirnos para vencer.
El sentido patriótico y el legado de nuestros padres y abuelos nos obligan a mantener la frente en alto.Es momento de luchar por un cambio de fondo que nos devuelva la paz y el bienestar que tanto añoramos. Que esta visión no sea solo un anhelo, sino que se convierta en una verdad absoluta para todos.
Eso digo yo… ¿Usted qué opina?
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