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La Sombra en el Ayuntamiento: Transparencia y Vacíos de Poder en Guadalajara

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Por: Jorge Eduardo García Pulido

El ejercicio del poder no solo revela la capacidad administrativa de un gobernante, sino que, como bien advertía Carl Jung, actúa como un catalizador que hace florecer la «sombra». En Guadalajara, la reciente aprobación de 400 mil pesos para un foro de masculinidad —confirmada por registros periodísticos— ha dejado de ser un tema de presupuesto para convertirse en un síntoma de una carencia emocional y de una preocupante falta de transparencia.

No se trata del monto. En el océano de las finanzas públicas, 400 mil pesos podrían parecer una gota. El verdadero fondo reside en la opacidad con la que se manejan estos recursos y en la naturaleza de quién encabeza la administración. Se dice en los círculos de poder que la presidente —La denomino así por su investidura y género— pertenece a una sociedad discreta de mujeres, una élite que entiende la feminidad no desde la sexualidad, sino desde un empoderamiento de género muy exclusivo.

Bajo esta lógica, no resulta extraño que se promueva la masculinidad positiva como una herramienta para erradicar conductas de odio u homofóbicas. En pleno siglo XXI, la expresión de la sexualidad de cada individuo debería estar fuera de todo juicio público, superando aquellos gazmoñismos que antaño alimentaban el «radio pasillo» sobre figuras como Javier Curiel. Sin embargo, cuando la promoción de estos valores se hace desde la discreción de un grupo de élite y no desde la apertura democrática, el mensaje se distorsiona.

Guadalajara parece haber caído en una crisis de autenticidad. La administración actual muestra vacíos que intentan llenarse con foros y discursos, pero que en la práctica solo resaltan la desconexión con la ciudadanía. Cuando el poder hace que la sombra florezca, lo primero que se marchita es la rendición de cuentas.

La transparencia no es una concesión del gobernante, es el antídoto contra la discrecionalidad de las sociedades de élite que pretenden gestionar lo público con la hermeticidad de lo privado. Si la presidente tiene vacíos que llenar, la hacienda municipal no debe ser el mecanismo para subsanar carencias de una narrativa personal que no termina por convencer a los tapatíos.

Post data.: A diferencia de quienes analizan el fenómeno desde la crítica al «macho que se respeta», es vital entender que las conductas machistas no definen la masculinidad; son su antítesis. La justicia de género no debe ser un decreto estático que se asuma «llegado para quedarse» como una sentencia, sino un espacio de redención donde todos merezcan una oportunidad de integrarse desde lo positivo.


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