Por Javier Ibarra
Desde la Ciudad de los Tonaltecas
Diciembre de 2025
Mucho antes de que el árbol de Navidad se convirtiera en el centro del salón, su lugar estaba en lo alto.
Los primeros árboles navideños no se apoyaban en el suelo. Se colgaban del techo, suspendidos boca abajo, como un poderoso símbolo espiritual.
Esta práctica, hoy casi olvidada, estaba profundamente ligada a las creencias de fertilidad, protección y conexión entre el cielo y la tierra.
El árbol invertido representaba el eje del mundo, un puente entre lo divino y lo humano. Sus raíces apuntaban al cielo, evocando la esperanza, la renovación y la vida en medio del invierno.
En una época marcada por la oscuridad y el frío, estos rituales ofrecían consuelo y sentido, recordando que incluso en los meses más duros la naturaleza seguía viva.
Lejos de la decoración moderna, aquellos árboles eran simples. Velas, ramas naturales y pequeños ornamentos hechos a mano iluminaban estancias de madera y piedra.
No existía el exceso, solo el simbolismo. Cada elemento tenía un significado; cada gesto, una intención espiritual.
Con el paso del tiempo, las tradiciones cambiaron. El árbol descendió del techo al suelo y perdió gran parte de su carga mística, transformándose en un símbolo festivo universal.
Sin embargo, conocer este origen permite mirar la Navidad con otros ojos, comprendiendo que muchas costumbres actuales nacieron de antiguos rituales cargados de significado.
La historia del árbol de Navidad es también la historia de cómo las tradiciones evolucionan, adaptándose a nuevas épocas sin borrar del todo su esencia ancestral.
El “árbol” como símbolo de la vida, “árboles que dan fruto” (Ecl 2:5-6).
En ese sentido, el árbol representa un legado silencioso que aún cuelga, invisible, sobre nuestras celebraciones.
#ChristmasHistory
Ciencia y tecnología
“Es un honor recordar la Navidad de 1914 del frente occidental”.
A considerar.
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