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La Revitalización Democrática: Un Mandato de Honor y Razón

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Por: Capitán I. Hernández Luna

Estimados lectores de La Verdad Jalisco, es un honor y un privilegio dirigirme nuevamente a tan distinguido público para reflexionar sobre la realidad que enfrentamos.

Ante los acontecimientos recientes y las políticas públicas de la actual administración que impactan directamente al tejido social, resulta imperativo revitalizar y fortalecer nuestras instituciones democráticas. Debemos hacerlo desde la paz, pero con la plena consciencia de que solo así se materializarán los cambios que la ciudadanía reclama y exige. ¿Cuál es la ruta para lograrlo?

La respuesta reside en el ejercicio de un voto completamente razonado, lejos de la visceralidad y ajeno a la manipulación que se ha venido instrumentando. Es profundamente lamentable observar cómo se lucra con el desconocimiento de ciertos sectores, utilizando argumentos mezquinos —como la falsa amenaza de la pérdida de pensiones si no se vota por un partido específico— para coaccionar la voluntad popular. Frente a estas prácticas, debemos anteponer un ideario claro y objetivos precisos.

Nuestro rumbo debe estar siempre enmarcado en los altos ideales de quienes, durante la Independencia, la Reforma y la Revolución, forjaron las generaciones sólidas que construyeron el México contemporáneo. Estas heroicas etapas históricas deben avivar nuestro fervor y entrega absoluta a las causas de la Patria. La lealtad a las instituciones, la justicia y la libertad son el legado de nuestros ilustres antepasados, quienes, desafiando todo peligro, cumplieron con su momento histórico.

Si logramos mantener la unidad, fomentar una mayor participación política y garantizar la justicia económica y social, fortaleceremos al país y, con él, a las instituciones creadas para servir al pueblo. Solo así transitaremos por el camino de la razón, la dignidad, la integridad y el honor.

Exigimos avanzar dentro de la paz, sin imprudencias ni temores, midiendo el progreso de tal manera que englobe la totalidad de lo social. Las reformas que se establezcan deben ser auténticas, irreversibles y en beneficio real de la sociedad, evitando cualquier retroceso reaccionario. Es fundamental que los actores políticos comprendan la política como un quehacer nacional integral, pues nada le es ajeno y ningún logro es posible sin el ejercicio de la buena política.

Esta debe entenderse como una concertación de voluntades y esfuerzos; un propósito superior donde prevalezca, ante todo, el interés general sobre el individual o de grupo. Es un derecho y una obligación que la sociedad impone incluso a quienes piensan distinto, pero que coinciden en el fin último: el bienestar de México.

Eso digo yo, ¿usted qué opina?


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