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LA HERENCIA CULTURAL EN TIEMPOS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL


Por Mariana Navarro

Periodista cultural y escritora

Especialista en ética aplicada, innovación y tecnologías con enfoque humano

“La memoria cultural no desaparece: simplemente cambia de custodio. La pregunta es si ese custodio seguirá siendo humano.”

— MNP®️

I. LA PRIMERA PÉRDIDA ES INVISIBLE

Imagina esta escena:

Una persona en 2080 desea conocer a un antepasado que nunca alcanzó a mirar. No abre álbumes. No busca cartas. No recurre a los mayores.

Solo pronuncia una orden:

—Muéstrame cómo era cuando hablaba de amor.

Y la máquina responde. Reconstruye un rostro, genera una voz, inventa un gesto con base en tendencias estadísticas.

Reproduce biografía pero no memoria.

Reproduce apariencia pero no sentido.

Ahí, justo ahí, empieza la amputación.

II. EL ARCHIVO NO ES HERENCIA

La UNESCO advirtió en 2023 que el 90% de los archivos digitales actuales podrían ser inaccesibles en tres generaciones si no se preservan correctamente.

No por censura, sino por obsolescencia.

Hemos creado la ilusión de que guardar es conservar. Pero almacenar no es transmitir.

La cultura no se protege sólo copiando datos:

se protege garantizando el vínculo que los dota de significado.

Si la memoria humana deja de circular a través de la experiencia y pasa a depender solo de interfaces, no perderemos información: perderemos alma.

III. LA CURADURÍA DEL PASADO ES EL GOBIERNO DEL FUTURO

La discusión pública suele quedarse en la superficie:

¿La IA reemplazará a los autores? ¿Redactará novelas? ¿Pintará cuadros?

Esa no es la pregunta más urgente.

La pregunta central es esta:

¿Quién decidirá qué parte de nuestra historia merece recordarse?

Durante siglos, la memoria cultural fue un territorio disputado por Estados, religiones, élites. Hoy está siendo administrada por compañías cuyo interés no es la verdad ni la trascendencia, sino la retención del usuario.

Si dejamos que el algoritmo determine la memoria, aceptamos que el futuro nazca amputado.

IV. LO QUE NO PUEDE HEREDAR UNA MÁQUINA

La IA escribe poemas, restaura pinturas, replica estilos visuales, analiza códices.

Pero hay algo que no puede heredar: conciencia histórica.

Porque heredar no es copiar.

Heredar es resguardar el dolor, la gloria, la vergüenza, lo inexplicable, lo frágil.

Es decidir que lo imperfecto también merece permanecer.

Una lengua no sobrevive porque se digitaliza.

Sobrevive porque alguien la pronuncia con amor y la enseña como acto de fe.

V. EL CONCLUYENDO: LO QUE NOS TOCA DEFENDER

La herencia cultural no es un archivo: es una responsabilidad.

Y esa responsabilidad no puede tercerizarse.

Nuestro deber no es proteger los datos, sino defender el sentido.

No basta con garantizar almacenamiento.

Debemos garantizar trascendencia.

La tecnología puede custodiar los vestigios.

Pero el espíritu de una cultura solo sobrevive si hay humanos dispuestos a habitarla.

VI. EPÍLOGO

Y si algún día, en un futuro lo suficientemente lejano, una máquina reconstruye nuestras voces en busca de la historia humana, espero que encuentre algo más que textos indexados.

Espero que encuentre huellas.

Gestos.

Fuego.

Un indicio de que alguna vez fuimos capaces de recordar con amor y no sólo con precisión.

Porque, como diría el doctor Edmund Maxwell Ashcroft —cronista del tiempo por venir—:

“Una civilización no se mide por lo que logra preservar, sino por aquello que se rehúsa a olvidar.”

Mariana Navarro

Periodista cultural y escritora

Especialista en ética aplicada, innovación y tecnologías con enfoque humano

MNP®️


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